El color está a medio camino entre el amarillo pajizo y el dorado pálido. Limpio y con brillo. Botella pesada y con lacre.
Se trata de un blanco elaborado con albillo real de un productor que está muy en boga en estos momentos, Esteban Celemín. Un vino que empieza austero pero que va abriendo tanto en nariz como en boca, que es carnoso, que posee una estructura ancha y larga, que no peca de exceso de madera, pero que el alcohol, cuando se calienta se le nota un poco más. Proviene de una parcela plantada en 2014 con sarmientos de diferentes zonas que sobrevivieron a lo largo de los años. Posee buena materia prima y una relativa profundidad, es carnoso y rotundo.
Final largo.
Apostaría porque un tiempo en botella tiene que sentarle muy bien. Le seguiremos la pista.
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