Lo primero que destaca en nariz (de buena intensidad) es mineralidad como de tiza. Muy frutal: fruta roja y negra pero muy fresca, como negando los ocho años que tiene ya en botella. Notas balsámicas de hierbas del bosque, aromas florales, algo de tostados de la crianza pero muy sutiles, sin protagonismo que estropee el equilibrio general.
Y en boca entra con cuerpo relativamente ligero pero intenso de sabor, con tanino muy sedoso y buenísima acidez. Persistencia media-larga y posgusto muy frutal con un cierto amargor sutil que aporta a la sapidez.
He oído y leído frecuentemente comentarios sobre la evolución de los Prioratos de Álvaro Palacios hacia un estilo más elegante, menos rústico y (la crítica) con menor tipicidad. Yo anteriormente sólo he catado algún 2013 y mi memoria (o la falta de ella) no me permite recordar exactamente para poder comparar esa evolución. Lo que sí puedo decir es que este Dofí 2018 es un gran vino.
Fresco, complejo, intenso, persistente , equilibrado y elegante. Lo tiene todo, quizás le falta algo de mineralidad, fruta fresca directa y limpia, pulido en boca, sublime en su tanicidad, los terciarios en perfecta integración, un vinazo
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