Dorado, limpio, brillante y glicérico. Lo tenido abierto una semana y tanto en nariz como en boca, ha evolucionado de lo lindo; de una fruta un tanto pasada que era lo que percibíamos el primer día a unos matices primarios que poco a poco han ido afinando, se le han terminado por parecer muy elegantes. De la fruta veraniega de hueso, dulzona y un pelín fofa, a los cítricos y por qué no, al membrillo. De un paso marcado y contundente una mayor clave fluida. No obstante, tan y como decía en el encabezamiento, está listo para beber.
Utilizamos cookies propias y de terceros con finalidades analíticas y para mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias a partir de tus hábitos de navegación y tu perfil. Puedes configurar o rechazar las cookies haciendo click en “Personalizar”. También puedes aceptar todas las cookies pulsando el botón “Aceptar”. Para más información puedes visitar nuestra Ver política de cookies.