Esta Treixadura nace de un viñedo de apenas 1.5 hectáreas al más puro estilo de un clos borgoñón pero en la orilla norte del río Miño. No todo es Treiadura en esta viña, pero le gusta trabajar cada variedad por separado, llegando a hacer, tan sólo, unos 7 mil litros de esta cuvée, con la que es capaz de embotellar el alma de su finca de manera muy nítida.
Jorge Pérez entiende la naturaleza de la variedad a la perfección, marcándose un vino que destaca por ser de perfil austero, aunque ampliamente aromático, que habla de ciruelas claudias, manzanas golden, pétalos de peonías, heno, cereal de secano, salvia y un punto de sal. Es un vino con buena acidez, puro, límpido y cargado de inputs minerales de río (recuerdo a cantos rodados azotados por el fresquío de la corriente). En boca te vas a encontrar con una glicerina que lo convierte en un trago muy amable. Tiene vida y es demasiado fácil enamorarse de ella.
Trabajo basado en la sostenibilidad
Las vistas del Miño desde lo alto de la finca
Entrada a la parcela, amurallada tal clos francés
Treixadura 2021
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