Desde que probé la Caíño Branco de Jorge, ésta se ha convertido en una de mis variedades fetiche. Una uva con un gran potencial por si sola de dar vida a vinos con identidad. Tiene aromática, una columna vertebral ácida que le da longevidad y textura. Es un vino que saca al mercado después de haber reposado muchísimo en botella, lo que me parece un acierto macanudo. El vino ha ganado en color, volviéndose de un dorado intenso precioso que da juego en copa porque deja a quien la bebe ensimismado.
En términos generales su Caíño Branco es un vino de perfil ampliamente aromático. Tiene algo más de punch que su Treixadura, con mucha más profundidad de fruta. Destacan la piña fresca, las pieles de limón, el paraguayo, los mirabeles, ligeros anisados, la salvia y algo de hierbas campestres. Es un vino mucho más linear, con una columna vertebral súper sápida y tensa, lo que deja un paso alegre por boca, pero también con un potencial de guarda brutal.
Jorge se hace muy pocas botellas de esto ya que sale de una finca de 1.5ha donde hay tan sólo unos pocos filares de Caíño Branco que dan para unas 2 mil botellas o así.
Utilizamos cookies propias y de terceros con finalidades analíticas y para mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias a partir de tus hábitos de navegación y tu perfil. Puedes configurar o rechazar las cookies haciendo click en “Personalizar”. También puedes aceptar todas las cookies pulsando el botón “Aceptar”. Para más información puedes visitar nuestra Ver política de cookies.