Con esta cuvée, Eladio recupera su compromiso para con las variedades tintas del Salnés. Procede de una viña de Caíño Tinto del abuelo (quien no se acueda de cuando se plantaron las vides, por lo que fácilmente tienen más de 100 años). La elaboración es muy tradicional. Se pisa la uva, se le deja que haga una fermentación en depósito lo más lento posible (40/50 días), se descuba y se pasa a barrica (mitad roble francés y, la otra mitad, americano) hasta que termina la maloláctica (3/4 meses). Pasado ese tiempo se devuelve al depósito de inox otros 9 meses antes de ser embotellado (se deja en botellero 2/3 años previa comercialización).
Domar la tozudez de la Caíño no es fácil, pero aquí tenemos un vino muy logrado, siendo una cuvée muy varietal. Si es la primera vez que te enfrentas a ella, te puede llevar a pensar en una Cab.Franc madura. Tiene concentración de fruta (ciruelas, guindas, moras del bosque) recuerdos vegetales (eucalipto, helecho, laurel) y una cálida pyrazina (pimiento del padrón asado). El paso del tiempo ha domado su boca, perdiendo ese nervio e hiperactividad características para dar paso a una morbidez muy sápida. El lado más amable y elegante de la Caíño. Recomiendo su consumo ya que considero que está en su punto óptimo antes de empezar a decaer un poquito.
Utilizamos cookies propias y de terceros con finalidades analíticas y para mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias a partir de tus hábitos de navegación y tu perfil. Puedes configurar o rechazar las cookies haciendo click en “Personalizar”. También puedes aceptar todas las cookies pulsando el botón “Aceptar”. Para más información puedes visitar nuestra Ver política de cookies.