Nariz de perfil claramente clásica, algo reductiva al principio que necesita airearse para desplegar aromas de ciruelas maduras en confitura, mentolados y un fondo torrefacto – balsámico. Eneldo e hierbas aromáticas, con un matiz de café espresso que se dirige hacia las notitas medicinales propias de la oxidación noble del alcohol.
En boca es madurito, con la sensación de ciruelas negras pochas, menta, cacao, correcta acidez ( en declive ) y un posgusto amargoso de tildes evolucionadas ( menta poleo ). Es un vino placentero, maduro y que probablemente admiraría la mayoría de los decentes consumidores que no se dedican a escribir catas como ésta complicándose la vida en busca de posibles juicios.
Perfil clásico de la Ribera, con esa fruta madura bañada en mentolados y balsámicos, rico y con sensación de volumen en boca que tiende a la evolución. Puede que se haga algo cansino, por decirlo de alguna forma, seguramente pida tomarlo con algo de comida grasa como esos estupendos lechazos de los pueblos de Burgos que necesitan este tipo de vino para llevarlos de la mano a la “ Gloria “. El grupo Solar de Samaniego hace muy buenos vinos y creo que, enfocados a los años en botella, tanto en Rioja como en Ribera. Recuerdo un pletórico Durón 1994 – 1995 al que consideré unos de los vinos que más me han gustado y que mejor han evolucionado en botella. Siempre lo cuento como paradoja del destino comercial – enológico – sensorial. En definitiva, un vino frutalmente mentolado para disfrutarlo sin cargo de conciencia y con ganas de maridarlo con comida, y si no, pues no tampoco pasa nada.
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