En esta añada subieron la producción a 800 botellas, donde han bajado la proporción de Mencía al 30%, incluyendo un 30% de Sousón, completando el resto del blend tanto la Espadeiro como la Caíño Tinto a partes casi iguales. Pasa un día de maceración pre-fermentativa. Arranca la fermentación, donde se deja un 20% de raspón, la lleva a cabo en un lagar, es decir, un depósito de hormigón abierto y la termina en acero inoxidable. De ahí pasa a una barrica de roble francés que es donde hace la maloláctica parcial para dejarlo con una acidez total de 6 (aquí es la única adición de sulfuroso que realiza) y se pasa envejeciendo en la misma barrica durante 6 meses antes de ser embotellado.
En esta añada se nota mucha más capa en copa, siendo un perfil de tinto gallego más concentrado en aromas y con algo más de desnudez de madera. Tiene destellos vegetales que recuerdan al laurel y al eucalipto, acompañados de una concentración varietal brutal (frutos del bosque, ciruelas). En boca, esta añada, resulta mucho más vertical y sápido, con un final bastante largo que deja ese amargor ‘a la gallega’ que lo hace atractivo. El tanino es mucho más suave y nos deja sensaciones ferrosas y sanguíneas. Aunque es un vino ‘de nicho’ me parece un trabajo mucho más fino que el obtenido en la 2023.
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