Como leía hace poco en una reseña de nuestro compañero @GONDORFF: “los grandes vinos son grandes en cualquiera de sus etapas”. Esto me ha animado a abrir otra botella de este Canon 2016 que me pareció un poco verde en la primera ocasión. Esta vez le he dado mucho tiempo en la copa: lo he consumido a lo largo de más de dos horas de “aireación copera”.
Y seguramente merece la pena esperarlo 5-7 años más para dar oportunidad a esos terciarios que todavía apenas apuntan. Pero si hay suficientes botellas en la recámara es un auténtico placer disfrutar de esa intensa frutalidad arropada por minerales y especias que forman un contexto tan elegante que anuncian algo importante en ciernes.
Y en boca con un cuerpo medio, sin excesos, repite toda la elegancia de la nariz. Con un tanino sorprendentemente integrado y sedoso y, sobre todo, súper sabroso. Buenísimo equilibrio entre fruta, acidez y mineralidad. El final, largo con posgusto frutal, mineral, especiado (cacao) y floral.
Está camino de la perfección. Pero en el camino también hay felicidad.
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