Curioso vino que descubrí hace muchos años en un restaurante del Valle de Arán regentado por un sudafricano que trae vinos de su tierra. Se me había quedado este 2018 en la bodega y lo abrí con recelo porque son vinos que suelen beberse jóvenes.
La nariz estaba estupenda, exuberante y muy concentrada, con chocolate negro, torrefactos y fruta negra compotada o incluso horneada. Notas ahumadas también, como cárnicas, tostados, cuero, balsámicos...
En boca está denso, cremoso, con el tanino muy sedoso y una golosura notable. Persistencia considerable y con un retrogusto con torrefactos y cacao y una punta de alcohol pese a que el grado no es excesivo (14º).
Quizá es un excesivamente denso y goloso para disfrutar solo, pero me parece el vino perfecto para una barbacoa. Y además lo recomiendo para una cata a ciegas porque va a descolorar mucho al personal. Es muy diferente a lo que estamos acostumbrados por estos lares. Yo a ciegas quizá podría haberme ido a un Syrah del sur del Ródano, aunque este Diemersfontein es efectivamente muy original.
Y buena RCP!
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