Esta fue la primera etiqueta que la bodega sacó al mercado en su día la madre de las tres hermanas que lideran este proyecto y con la que quieren respetar la misma filosofía del inicio. Para ello, usan viñas que están en la zona de Monterotondo, que se caracteriza por tener unos suelos que se conocen como Marne Serravalliane (es decir, de alto contenido calcáreo). El vino se elabora en inox pero sin que se haga una maceración pelicular, reposando en sus lías tan sólo 5 meses, por lo que nos encontramos en boca con un vino delgadito y perfiladito. La naturaleza del suelo también lo convierte en un vino más austero con recuerdos a polvo y tiza, mirabeles, ciruelas claudias, manzana roja y polen. En boca me encanta su linearidad y ese paso casi sin peso pero muy vital. Es una referencia recién embotellada, por lo que me encantará ver su evolución dentro de unos años, ya que es una cuvée que en 5 añitos puede regalar cosas muy chulas.
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