Muy retraído en nariz de partida. Y gana poco con la aireación. Sí llega mineralidad y fruta blanca, pero tímidamente. Con más aire y más temperatura aparecen también notas florales y algo de bollería (pan de molde). Elegante, sí, pero la intensidad no es su punto fuerte.
En boca es más satisfactorio: entra untuoso y equilibrado, con un amargor ligero muy agradable, buena acidez y buena persistencia. Pese a su juventud la crianza aporta desde la discreción, y el bajo grado alcohólico (12.5º) se agradece.
Es cierto que es un vino que se autocalifica como “Gran Blanco de Guarda” y al ser un 2023 es más que posible que no le haya dado suficiente botella para destacar. Pero tenía gran curiosidad por este vino del que había leído buenas críticas (Luis Gutiérrez le da 96 puntos al 2021 en TWA).
Lo puntúo por cómo lo encuentro en este momento y habrá que dar tiempo antes de abrir la siguiente.
Otra curiosidad es que la dispersión de precios es tremenda (quizá debida a la escasa producción que apenas alcanza las 1.200 botellas). Puntúo la RCP por lo que me ha costado a mí que está en torno a 35 euros.
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