Para apreciar la intensidad aromática no hay que esperar siquiera a oler la copa porque ya desde el servicio avisa e impresiona. Mineral, cítrico y láctico, con roca machacada o tiza, lima-limón, aromas de mantequilla y tostados de la crianza. También frutos secos (almendra, avellana), fruta amarilla como el melocotón y especias como el clavo. Con aireación se van abriendo notas florales.
En boca entra cremoso y con mucho carácter. Con un amargor matizado y buena acidez, muy amplio inundando toda la boca. Muy largo y posgusto muy mineral con recuerdos frutales, especiados y un amargor delicioso.
Nada de timidez, en este vino que ejemplifica la Chardonnay americana con muchísima elegancia y equilibrio. Ninguna confusión aquí con Borgoña, aunque no por golosura y tropicalidad (que no las tiene) sino por contundencia. Sorprenden sus 15.1º de alcohol porque no destacan en absoluto. Quizá haya Borgoñas con este nivel de contundencia pero no los conozco.
Sé que a los puristas del Chardonnay suelen echar para atrás estos de California tan distintivos, pero esto es de los mejores blancos que he bebido con diferencia. Tengo algún Aubert de alta gama del 2015 guardado como un tesoro, pero después de probar este Powder House 2021 tengo claro que habrá que compartirlos con los buenos amigos, porque no compartir esto es un pecado.
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