Cereza de capa muy baja ribete teja. Nariz extraña que evoca lejanamente fresas y algo de flores, también notas vegetales secas como laurel. Algo de lata de tomate. Supongo que este vino hubo de estar mejor hace unos años y además sospecho que no ha gozado de buenas condiciones de guarda. En boca no es muy expresivo pero sorprende una grata acidez y no mala persistencia. Llegando a este punto de su cata, no le daría más de un 6’25, sin embargo con la comida se convierte en un vino tremendamente agradecido, fresco y todo-terreno, manteniendo el tipo incluso contra una ensalada.
Al día siguiente se reproduce la misma secuencia: en cata decepciona un poco, pero con la comida se vuelve resultón y fresco gracias a su rica acidez. Quizá ésta sea la forma de disfrutar del tinto en un país tan caluroso. Me quedo con la curiosidad de probar algo más de esta denominación, pero antes me aseguraré de que la botella esté en mejores
condiciones de edad y conservación.
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