Personalmente me imprime respeto y admiración esta bodega de tradición.
A partir de aquí me encuentro con un vino de capa alta con un color rojo cereza. La nariz es elegante y compleja, algo reducida al comienzo, y de muy buena intensidad. Me recuerda a los muebles de cuero que tenía mi madre cuando vivíamos en Valencia, a los árboles del patio del colegio, y a meriendas posteriores de leche con magdalenas. Me evoca a la mesita de noche de mi abuela, al los cigarros de la adolescencia, a los caramelos de café para que no me pillaran, al humo de la Noche de San Juan, y a la nueces de Navidad.
En boca es una maravilla, aunque siento como si me dijera “estoy levantando un pie para dar un paso a mi evolución cuando todavía tengo el otro apoyado en mi juventud”.
Sabroso, de paso elegante y aterciopelado da pena tragarlo por miedo a perder su sabor.
Utilizamos cookies propias y de terceros con finalidades analíticas y para mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias a partir de tus hábitos de navegación y tu perfil. Puedes configurar o rechazar las cookies haciendo click en “Personalizar”. También puedes aceptar todas las cookies pulsando el botón “Aceptar”. Para más información puedes visitar nuestra Ver política de cookies.