Luego de probar el espectacular 2000, no pude resistirme al 1999, que fue la primera añada de este súper vino chileno. Si el 2000 es un estilo in-your-face, este 99 (de una mejor cosecha) es más reflexivo, demanda más paciencia y creo que tendrá mejor evolución en botella. Abre torpe, con hojarasca, algo de hortalizas, caucho, regaliz, tabaco, cassis, mentol; pero luego acelera y ofrece chocolate, frutos secos, vainilla "de la buena" y roble tostado. Al paladar es más contenido que el 2000, aunque de pronto mete turbo y se presenta puro, con fruta negra, incienso, cacao, todo envuelto en una cobija de taninos de cashmere. Es menos delirante que el 2000, pero tiene más personalidad. De guarda. Este vino chileno es para las sonatas de Beethoven, interpretadas por ese gran pianista chileno, Claudio Arrau. 78 CHF, 52 euros.
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