Ya fué otra cosa.
Qué bien le sienta una buena oxigenación a este vino. Lo probamos tras más de 4-5 horas de haberlo abierto. Nada que ver con la anterior botella. Y a pesar de continuar con las mismas copas, la temperatura sí era buena.
Aquí la nariz deja mostrar su esplendor prioratino. De nuevo, frutillos del bosque y notas de cacao ligeras, que se entremezclan con la mineralidad de este vino; monte bajo, eucalipto, menta conforman un final balsámico elegante e intenso.
La boca ya ha mejorado muchísimo. Sabroso, contundente. De buena acidez, un punto goloso y con un final largo y envolvente en el paladar.
Esta vez sí convenció, aunque tiene tanta vida por delante este vino, que aún le queda mucho por ganar todavía. Para guardar unos añitos.
Utilizamos cookies propias y de terceros con finalidades analíticas y para mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias a partir de tus hábitos de navegación y tu perfil. Puedes configurar o rechazar las cookies haciendo click en “Personalizar”. También puedes aceptar todas las cookies pulsando el botón “Aceptar”. Para más información puedes visitar nuestra Ver política de cookies.