A este tinto se le suele situar entre los tres o cuatro más grandes de Nueva Zelanda.
Nariz atlántica, muy bordelesa, hasta el punto de que en cata a ciegas lo hubiera situado sin dudarlo en el Médoc. El bouquet empieza a desarrollarse, notas de cerezas en licor, trufa, cedro, humus, tabaco y cassis. Fino y elegante, endiabladamente perfumado. En boca al principio se muestra austero (esos ecos del Médoc...), para ir ganando en amplitud, frutosidad y largura. Mágnifica acidez típica de un clima fresco. Nunca pierde la elegancia como su signo distintivo. El paso del tiempo en copa juega constantemente a su favor: mas complejidad, más vinosidad, más profundidad. Aires de Burdeos en el hemisferio sur. Gran vino a tener en cuenta.
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