Opulento y elegante al mismo tiempo. Profundo, complejo. Hay frescura y buena acidez, aunque ésta tampoco sea para tirar cohetes. Su nariz apuesta por una limpia y franca expresión frutal, hay notas de manzana asada, piña, menbrillo, avellanas, frutos secos, al fondo, notas de mantequilla tibia que más parecen provenir de la variedad que del roble. Éste se muestra en todo caso muy discreto.
En boca graso, elegante, con cuerpo pero sin pasarse de la raya. Muy frutal. Fresco, rico. Persistencia final larga y apetitosa.
Parece ser que los críticos yankis no se cortan en denominar a este blanco de alta gama como genuinamente "borgoñón". Creo que no les falta razón. Su estilo está más cerca de estos ejemplares que del tópico, y no sé si típico, Chardonnay americano al que se acusa de ofrecer demasiado croissant suelto envuelto en excesos tropicales y rematado por un tueste del roble para hacer llorar. Desde luego, éste no es el caso.
Me ha gustado vérmelas con un blanco americano donde la elegancia sea la norma.
Utilizamos cookies propias y de terceros con finalidades analíticas y para mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias a partir de tus hábitos de navegación y tu perfil. Puedes configurar o rechazar las cookies haciendo click en “Personalizar”. También puedes aceptar todas las cookies pulsando el botón “Aceptar”. Para más información puedes visitar nuestra Ver política de cookies.