No hizo falta el destapacorchos, cosa que se agradece en un viaje, al beberlo en la habitación. Después de "descorchar" el tapón metálico.Se descubren cosas muy interesantes; color amarillo dorado muy brillante. Nariz intensa a cera de abejas, flores secas y la típica nota de hidrocarburos de la riesling. En boca entra con un cierto cosquilleo y una acidez perfecta, final eterno entre mineral y cítrico, caramelo de naranja. Dista mucho del primer Monchhof que probé (Qba). Un gran kabinett, que a cada trago mejora, después de 24 horas gana en complejidad. Un gran vino por 20 dòlares.
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