A Jean-Luc Thunevin se le puede acusar muchas cosas, pero a juzgar por la informacion disponible, de lo que no se le puede acusar es de descuidar sus vinias y sus vinos.
Desde que uno ve esta botella hay un impulso por cogerla en las manos. La sencilla etiqueta, que recuerda a la de Harlan Estate, muestra un simpatico y elegante gallo en actitud cortesana. Se dice que ese gallo todavia anda por ahi en el viniedo.
En nariz se aleja de la super madurez y ultra extraccion, y tiene un elegante perfil de fruta roja, cacao, canela, algo de capuchino, y minerales. De ataque y volumen medios, es austero, con una estructura decente, aunque a la fruta le falta estirarse mas. Destaca en el retronasal un fuerte tostado de la crianza, y el final, aunque largo, resulta amargoso. El vino no me parece un exito completo, pero antes de que la nariz se cierre, a ciegas uno podria aventurar sin problemas de conciencia que es un st.-emilion. Me parece que eso no esta tan mal de un viniedo que todos habian pasado por alto antes, y de un vinatero al que le han dicho hasta de que se va a morir.
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