A menudo uno busca borgoñas con ilusión, pagas una fortuna, y luego acabas decepcionado. Otras veces, uno se tiene que conformar con "borgoñitas" porque el presupuesto no da para más. Esta botella no es precisamente una ganga, y uno podría pensar que es un "borgoñita" pues viene de una comuna (Santenay) siempre opacada por villas más famosas (Auxey-Duresses, Savigny-les-Beaune).
Pero me ha resultado más placentero que algunos pommard o volnay comunales que cuestan casi el doble. De este vinatero Vincent Gerardin se cuenta que cuando inició en el negocio, vendía su vino casa por casa, en Meursault. Este vino lo vendería con facilidad. No es pretencioso, pero tiene raza, con sus aromas de fresas, tierra húmeda y una abundante carga de especias que eventualmente se funde con notas de la crianza. En el paladar es amplio, tenso, de muy buen recorrido en su fruta roja elegante, más especias, y sobre todo una tanicidad noble, madura y muy atractiva. Un pinot noir lejos del borgoña comunal aguado y peleón. Este, con su bajo grado, pocas pretensiones y todo bien puesto en donde debe de ir, creo que valdría la pena comprar otra botella o dos a 31 CHF en Zurich, unos 20 euros. Como digo, no es ganga, pero tampoco es un asalto en despoblado, creo.
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