A veces hablamos de nuestros blancos en voz baja, sobre todo cuando estamos fuera, si bien con los tintos, nuestra voz se tercia mucho más grave y fuerte. Soy de los que piensan que vivimos en un país donde la elaboración de blancos se está tomando en serio no hace mucho tiempo, es decir a parte de producir exquisitos vinos jóvenes, hacerlo de cara a la evolución en botella. Un vino adelantado a su tiempo, un vino que nos promete una exquisita evolución, aunque la variedad sea la extraña Incroccio Manzoni, una delicia...
El trabajo que Can Ràfols dels Caus está realizando es encomiable, vinos como este Rocallís nos presenta una elaboración con toques de crianza (4 meses en barricas de roble francés y 42 meses en botella) y una limitadísima producción de tan solo 3978 botellas.
Un vino con fuerza en su visual, con tonos amarillos con ligeros rasgos de evolución por su tonalidad. Su abanico olfativo anima a desarrollar y ejercitar la mente para desgranar su complejidad, donde aparecen dos componentes básicos la fruta madura -ciruela amarilla, pera de agua, piña- y los cítricos -limoncello-, muy bien acompañados por notas balsámicas de menta y ligeros atisbos vegetales de heno y matorral, culminando este paseo por los sentidos con un toque de terruño mediterráneo. En boca se comporta más comedido aunque glorioso, excelente densidad y frescura, lo cual lo convierte en un vino con cuerpo y alejado de sensaciones pesadas, rica acidez y con un largo y excelente final donde se aunan todas las percepciones recogidas en nariz.
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