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Rousseau Clos de la Roche 2004
Rousseau Clos de la Roche 2004
FICHA TÉCNICA
Bodega
Armand Rousseau Père & Fils
D.O./Zona
Pais:
Francia
Tipo de Vino:
Tinto
Graduación (vol):
13,50%
Varietales:
Pinot Noir
Precio aproximado
Precio Aprox:
Desconocido
PUNTUACIÓN
Nota de cata NOTA MEDIA:
---
Nota de cata CALIDAD-PRECIO:
10,0
Opiniones de Rousseau Clos de la Roche
OPINIONES
1

Necesitó dos horas de aire para empezar a mostrarse. Al rato de abrirlo me dio un toque de “humedad” nada interesante y que más de un catador (incluido yo mismo a veces) hubiera devuelto la botella en un restaurante por tener “corcho”, sin embargo estaba en casa y no tenía prisa. Más de media hora después esa “humedad” se fue volviendo peligrosamente parecida a un vino con “bret” (o era el acojono que tenía yo), pero decidí darle la tercera oportunidad. Menos mal.

El color del vino me invitaba a tener esa paciencia, no podía estar enfermo un vino con ese precioso color, de intensidad baja, como buen borgoña de toda la vida, brillante como una estrella, limpio, traslúcido, como una joya líquida. Avisándome ya de su frescura vibrante y de su franqueza limpia, quizá serena. El color de la pureza.

Añada 2004, vinos “fríos”, buena para blancos, con tintos escurridizos, sutiles, de los que tienes tú que ir a buscarlos, porque ellos no se ofrecen a ti; nada evidentes, un poco delgados y encima todo esto se suma al terroir… Clos de la Roche, el más aéreo, en apariencia menos denso (cuando se cierra es la oscuridad total), pero más mágico.

Un vino para catar muy centrado, sin ninguna prisa, sin querer sacar conclusiones rápidas, porque ya en su nariz inacabada (joven) empiezas a ver que tiene de todo, desde flor hasta dátil maduro e higos, pasando por todo el frutillo rojo y negro que quieras, pero en pequeñísimas dosis, todo en pequeño. Un vino que se va desplegando en livianas capas con sutiles toques perfumados en forma de polvo de rosas (talco), algunas especias dulces y una fruta casi en licor (más que sobre-madura), quedando debajo un delgadísimo aroma a piedra, a suelo, a roca.

En boca es más complejo aún, porque el primer ataque solo puedes recrearte en su acidez, su frescura brutal y su liviandad, su máxima elegancia pasa como terciopelo en un trago maravillosamente “delgado” y pronto te das cuenta de que el vino es importante y por retronasal vuelves a revivir toda su nariz (no muchos vinos son coherentes entre nariz y boca) pero en este caso pudiendo disfrutar mucho más de su parte mineral (cuando la acidez te deja hacerlo), haciendo esos “vacios” tan desconcertantes y maravillosos que solo consiguen los grandes vinos delgados y procurándote, siempre en ese registro sutil (maravillosamente “débil”) un final interminable, tan tan largo (no potente, digo largo) que te hace pensar y reflexionar sobre la excelencia del “equilibrio”, tan poco de moda últimamente.

Por su juventud y añada específica, el registro hoy es delgado, pero este vino tiene violeta, cereza, frambuesa, grosella, café tostado, caramelo, trufa negra… y creo que se irá haciendo más y más complejo y que su equilibrio natural (13.5 y alta acidez) lo hará evolucionar de maravilla. Para amantes del “sexo débil”.

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