Al igual que el nº12 la botella es de auténtico impacto, con mucho peso, pero la acertadísima etiqueta acaba por darle aire de colección y clase a ese pedazo de mancuerna.
Color cereza intenso con buen brillo y borde granate, lágrima transparente de caída lenta pero constante.
Aroma intenso, especiado de inicio, con una pimienta que acompaña muy bien a la fruta negra, ciruelas, moras... muy maduras, se muestra equilibrado, con una madera cremosa junto a las notas de regaliz y chocolate que llegan a ser abundantes al fina de la nariz.
Boca estructurada, ofrece buena armonía, fruta negra madura de matices confitados y con la regaliz también presente, con un paso elegante debido a ese tándem que forman el roble y unos taninos maduros y amargosos, postgusto sabroso y final largo.
Fundamental su decantamiento para que exprese todo lo que tiene. Hay que distanciar el consumo de este respecto al nº12 siempre y cuando sea la misma añada, porque si no la balanza juega a favor del otro. Ahora mismo está bárbaro.
Picota violáceo. La nariz es intensa, madura, concentrada, dulce y golosa. Entre los descriptores destacan la fruta roja madura y las maderas nuevas. En boca entra con intensidad, resulta goloso, con cuerpo medio, acidez correcta, bastante fruta, taninos suaves pero vivos, bastante longitud y buena estructura.
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