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La viura de mi niñez...

...Recuperada de la memoria gracias a este vino, con una determinante paleta de piña, pomelos, plátano, mantequilla de pastelería y la acidez justa.

Trago directo - como una flecha - tras apreciar su tono pálido, pajizo, muy limpio y con poco glicérico. No llena la boca, pero aporta la elegancia y sutileza necesarias para darse un homenaje con su compañía. La nariz es delicada, con flores blancas, y el recuerdo a los campos que rodean un terreno al que se le ha extraído lo mejor de sus esencias.

La crianza le suma los matices que hacen de él un excelente blanco. Platos de ensalada con nueces, quesos de Cabrales o similares, tostas de anchoas con aceite virgen, o turrón de Jijona (!!!), hacen matrimonios muy atractivos.

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