Víctor de la Serna vuelve a sorprende y deleitar, a penas le falta un reto, una idea para volver a hacerlo. Esta vez con un vino de poca producción, obtenido a partir las viñas plantadas en 1939 en el paraje de Entrecañadas de Ledaña.
Principalmente es Bobal, aunque el leve porcentaje de Syrah en ocasiones resulta más que patente. Es agradecido con la oxigenación; y para devolver el favor se torna cada vez más complejo y expresivo.
Posee una nariz fresca, balsámica, alegre, de frutos silvestres y recuerdos a hierba fresca, notas torrefactadas que no enmascaran, reminiscencias terrosas, maderas sutiles y alcohol, piruletas de fresa, yogures, coco, levaduras y una tarde de paseo con un cono de hojaldre coronado con helado de vainilla y chocolate.
En boca es sorprendente, encontrando otro camino para la Bobal, de larga caudalía, de gran amplitud, de tanino domado, de franca juventud: cálido mas no licoroso.
Es un vino divertido y controvertido; en contra de algunas costumbres faltas de calidad, Finca Sandoval demuestra el potencial de los vinos de la Manchuela mientras deja la puerta abierta a aquel que desee disfrutar de una gran Bobal.
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