Se dice que de esta viña salían algunos de los vinos favoritos de Napoleón. Quién sabe. En lo que sí coinciden muchos autores, es que Picque Caillou es, junto con Haut-Brion y Pape Clement, el último sobrevivientes del viñedo original de la ciudad de Burdeos. Todos los demás fueron absorbidos por la urbanización.
Cualquiera que sea el caso, este vino, de esta añada, es una pasada: elegante, maduro y limpio, con aromas de grosellas, mora azul y ciruelas, claros acentos a piedras quebradas, lavanda, piel, algún toque boscoso. La misma prestancia y definición se manifiesta en el paladar, con un recorrido bien plantado, acariciante y con una rica carga frutal, volumen medio y tanicidad bien integrada. Sin aristas y en plena madurez, con una complejidad que se disfruta a plenitud y sin duda puede guardarse un lustro más. Para repetir. 36 CHF en Zurich, unos 22 euros.
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