Según cuentan las antiguas crónicas, aquella tarde de otoño de 1938 Pascal Vigier estaba particularmente feliz. Aquel año había sido un año de bienes. Parisino de origen , y descendiente de la alta burguesía parisina, ya llevaba unos años residiendo en el lugar que desde 1870 había sido sólo la segunda residencia de su adinerada familia. Decidió abandonar Paris, instalarse en su hacienda de Villargeil, rehacer y acondicionar la vestusta edificación, ocuparse personalmente de sus tierras, 150 hectáreas ocupadas por bosques de alcornoque, e incrementar la viña que ahora ya casi llegaba a las 40 hectáreas . Si, sin duda alguna aquel año había colmado sus esperanzas, su joven esposa le había dado un hijo varón, el heredero que consolidaba el porvenir de la hacienda, y el apellido familiar y justificaba sus renuncias y esfuerzos. Además, aquel año, la viña había sido enormemente generosa con él, la garnacha había prendido con fuerza en la tierra y había mostrado toda la generosidad de la que es capaz en una cosecha cómo no se recordaba en el lugar. Pascal Vigier en aquel dorado atardecer de otoño, miraba el cercano Canigou, observaba su viña y sus tierras; se le ocurrió pensar en su hijo de pocos meses, derivó su imaginación hacia los hijos de aquel su hijo. Mantenía en la boca el gusto, entre dulzón y amargante, de la garnacha que había probado de la gran bota que presidía la bodega de la casona. Se le ocurrió que guardaría celosamente una bota de aquel vino como ofrenda a los hijos de sus hijos, para que muchos años después su hijo o su nieto lo disfrutaran. Si ello sucedía de tal modo, cosa que jamás podría saber con seguridad, sería la culminación de su trayectoria vital como persona, como padre y como profesional. Así lo hizo y así su nieta Veronique, embotelló la bota en el año 2007 ofreciéndonos lo que ahora tengo sobre mi mesa. Y aunque no soy su nieto ni tan siqueira de la familia ahora lo estoy disfrutando.
Color rubi oscuro con altos tonos frambuesa, de capa muy baja. Lágrima densa.
Aroma de media potencia, nueces y almendras tostadas, jarabe de naranja, ciruelas licorizadas, hueso de cereza, tostados. Aroma muy profundo de gran riqueza
En boca tiene cuerpo de cierta potencia, muy ancho y voluminoso, con alta presencia, algo alcohólico, final enorme y muy largo. Vino “rancio” de gran categoría que acompañó perfectamente los turrones
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