La colina de donde sale este vino ha tenido vides desde hace 2800 años. Y al viñedo específico se le conoce desde 1561.
Muy subido de color, sin señales de evolución. Nariz un tanto terca, hay mucho ahí pero es amorfo, no va a ningún lado.... hasta que pasan unas ocho horas. Entonces se abre a registros muy compactados a ciruelas, cassis, arandanos, hora de laurel, lavanda, hierro, flores blancas, la crianza totalmente integrada. Nada o muy poco que ver con el estereotipo especiado del blaufränkisch. En boca al principio el ácido se siente desacoplado, pero con el tiempo forma un ensamble elegante y de magnífico volumen, de recorrido con una jugosa fruta negra y fina tanicidad. El vino tiene una estructura muy decente y un final mineral aunque éste no es muy persistente. Quizá lo volvería a probar en tres, cuatro años, a ver si ha desarrollado más matices e integra mejor su acidez; creo que tiene potencial. 49 CHF en Zurich, 32 euros.
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