Austria es para muchos sinonimo de gruner vetliner seco, un riesling macizo y soberbios vinos dulces. Si este tinto de variedades autoctonas es un buen ejemplo de lo que estos viniedos pueden hacer y han venido haciendo, bienvenido.
Aromas de zarzamoras, cerezas, confituras, vainilla mas bien discreta y una explosiva carga de especias; de hecho es lo que mas destaca pero no son especias a las que al menos yo estuviera acostumbrado. Si la hubiera catado a ciegas, habria pensado que era un chateauneuf, es decir un vino de un clima mediterraneo y no quasi-alpino, como este. El paso en boca es igual de especiado, lleva el paladar de un suave cosquilleo que se funde con una fruta madura, tostados y una estructura mas que decente para darle definicion a un recorrido que jamas pierde el interes. No es un vino que podamos llamar de trago largo, pero tampoco es una bazuka, y vaya tiene presencia en la mesa. Sin problemas se podria medir con caldos de zonas que reciben mucho mas sol que el Burgenland. 49 CHF en Zurich, unos 32 euros.
Y lo mejor del vino: con su potencia, ha abrumado a unos entrecote de caballo al grill que, por pura cortesia, mi esposa y yo hemos tenido que aceptar y aguantar.
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