La primera vez que probé el Gourt de Mautens 2003 fue a finales de 2006 y ya me sorprendió muy gratamente.
Los años lo han mejorado, le han aportado mesura y madurez, manteniendose potente, mineral y muy expresivo.
Dejarlo evolucionar durante la comida, sin decantar, es toda una experiencia sensorial. Su complejidad se va desgranando en momentos de imponente intensidad y en remansos de variaciones olfativas sutiles.
Un gran vino, con un precio acorde a su calidad.
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