Vista. Rojo picota con ribete rubí, ancho y diluido de capa media subida y lágrima ligeramente coloreada. Limpio y brillante. Bastante extracción para tratarse de la variedad sangiovesse, (concretamente en este vino el clon R-10 de Lamole) y sin tonalidades que den idea de una evolución excesiva.
Nariz de intensidad media-alta donde lo predominante es la fruta roja no demasiado madura (fresa y compota de naranja), se vislumbra algún floral muy difuminado (violeta) y antes de oxigenar ya da notas de una ligera oxidación. La madera se presenta con notas de cedro y cacao. Oxigenando aparecen ciertas notas reductivas, que aunque muy sutiles avisan de que no guardemos este vino más allá de la navidad. Tras un minuto de reposo y bajo un primer golpe de piel de naranja, aparece una curiosa y atractiva mineralidad proveniente del típico “galestro” toscano (grafito, arcilla mojada).
Boca. Entrada seca y bastante fresca, con un paso de boca plano y lineal que sin embargo termina abriéndose con fuerza en forma de cuña y nos lleva a un centro eminentemente frutal (ciruela y mora ácida) que tiene un primer punto máximo de auge de la fruta roja seguido de una rápida caída que da paso a notas balsámicas (madera de ciprés) y a bastantes torrefactos y empireumáticos (pan tostado y azúcar quemada). El posgusto muy corto con un recuerdo a hollejo maduro (por primera vez se detecta algo de verdadera madurez en la uva).
En conclusión nos encontramos ante un Chianti Clásico perteneciente a la gama estándar de una buena bodega, por lo que sospecho que un porcentaje de la uva está polifenólicamente madura mientras que la otra parte se ha elaborado con uva que, o bien pertenece a otro predio donde no maduró lo suficiente, o bien se ha empleado uva de viñas muy jóvenes. El equilibrio entre fruta, madera, alcohol y acidez está bastante conseguido de tal modo que cada parte ofrece lo positivo de sí y enmascara la carencia o exceso del otro (en este vino, el equilibrio no lo voy a tildar de redondez, pero sí de muy buen oficio). Si bien la acidez es alta, comienzo a ver síntomas de una no muy lejana decrepitud y por supuesto no va a mejorar con más botella. Lo serviría a unos 19ºc para que la sensación dulzona del alcohol esté presente y rebaje un poco los cítricos inmaduros. Su maridaje lo plantearía en torno a fiambres y carnes frías (empanadas, pastel de ternera) y aunque no sea precisamente un vino de postre, armoniza de maravilla con chocolate amargo o con un helado de chocolate y sirope de naranja.
Utilizamos cookies propias y de terceros con finalidades analíticas y para mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias a partir de tus hábitos de navegación y tu perfil. Puedes configurar o rechazar las cookies haciendo click en “Personalizar”. También puedes aceptar todas las cookies pulsando el botón “Aceptar”. Para más información puedes visitar nuestra Ver política de cookies.