Un vino ideal para beber a diario, por su correcta presencia, su buen paso por boca y un gusto final más que aceptable. no es el vino de mi vida, pero para tenerlo en casa para beberlo en cualquier momento esta muy bien. Con tortilla de patatas, queso y embutido ibérico me ha sabido a gloria
Botella simplona y típica de un vino de mesa de venta de carretera. Etiquetado pelín extravagente, por no decir algo políticamente menos correcto. ¿A qué vienen esos dorados en pegatina transparente de plástico?. Difícil de mirar. Tapón de una sola pieza de corcho, eso sí.
Color picota denso y oscuro. Buena lagrima perezosa. Nada evidente de evolución a pesar de la larga estancia en barrica. Parece un tinto joven de los de masticar, con cuerpo y bravío.
Aromas algo reducidos de entrada, que desaparecen al cabo de un rato de aireación. Nariz no especialmente expresiva.
Lo mejor te lo encuentras en boca y su retronasal. Paso golosón, suave y sabroso. Sabroso no a frutas, sino a terciarios y de los buenos, ojo. Retronasal a balsámicos, clavo, vainillas, menta, especias, algo de tabaco, torrefactos, todo noble. Y algo de compota de fruta roja, suave y discreta, o más bien tímida, no lo sé. Muy buen sabor en boca. Rica y larga persistencia. Muy grato.
Francamente, este vino se merece que le compren un traje nuevo.
"Peros": se debilita en un día. No es que muera pero pierde apreciablemente expresividad. Por otro lado se echa en falta algo más de cuerpo.
Una grata sorpresa muy adecuada para darle paso por el gollete entre dos cuado se tercie.
Utilizamos cookies propias y de terceros con finalidades analíticas y para mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias a partir de tus hábitos de navegación y tu perfil. Puedes configurar o rechazar las cookies haciendo click en “Personalizar”. También puedes aceptar todas las cookies pulsando el botón “Aceptar”. Para más información puedes visitar nuestra Ver política de cookies.