A veces huimos de los rosados por ese concepto de "se bebe como el agua", "pero es vino?". También es verdad que tantas y tantas veces hemos querido tomar un vino fresco con buena fruta sin mayores contemplaciones ni sensaciones.
Si además nos encontramos con un vino que debido a su acidez nos resultará muy fresco, colmando la sed de estos tiempos primaverales y veraniegos, unido a muy buenas sensaciones de fruta, toques de matorral y especias como el regaliz, probablemente en esta ocasión vamos a decir "me gusta y quiero rosado". Un vino con muy buena acidez, con presencia en boca y un buen final.
Amigos, después de la cata, lo he disfrutado con una paella contundente en especias y ahí estaba el vino.
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