Vino del enólogo chileño afincado en México, José Luis Durand (Ícaro). Guinda picota con un ribete que ya asoma tonalidades ligeramente tejas. Aromas de intensidad discreta a frutos rojos, ciruela, algo de humo y especias. En boca la acidez es jugosa con recorrido sedoso y matizado por toques frutales y por notas de la crianza en madera. Un vino sin aristas, sabroso, pero de precio un tanto elevado para lo que ofrecen otros vinos del mismo rango de precios y para ser un vino sin mayores perpectivas de longevidad.
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