La curiosidad llamó al gato. Llevaba tiempo detrás de un borgoña pero no me daba la gana desenvolsar cienes y cienes de leuros en iniciarme en ellos. Incluso dudaba de me terminaran gustando. Y más después de leer que hay mucho Pinot Noir mediocre caro. En fin, literatura aparte, me dejé asesorar en una tienda de vinos y este es el resultado:
Color, el esperable. Capa baja, muy fluido, rojo burdeos muy ligeramente sucio con sintomatología de envejecimiento. Tonos atejados evidentes. Lágrima abundante pero con prisas por bajar, por volver con mamá, diría que son lágrimas tímidas.
Nariz expresiva a fruta roja y crianza. Expresiva pero suave, que no tonta. A este respecto comento que no he terminado de enterarme de la crianza que lleva ya que perdí la nota de cata que me dieron en tienda y no he encontrado nada en internet.
Paso por boca marcado por su ligereza y clara acidez, diríamos que etéreo. Poco más, no llena. Pero me gustó la retronasal. No diría intensa, pero sí que es duradera y que se queda agarrada al paladar. Francamente rica y compleja. Eso sí, olvídese usted de ella si no termina la botella en el día.
Vino correcto, etéreo para mi gusto, pero está bueno sin tener que hipotecarse. Para mí está claro que por esos 12 o 14 euros en España encuentras vinos suaves más interesantes. No obstante, al menos ha conseguido que no le eche la cruz a los borgoñas, y me ha animado a subir otro peldaño y probar algo más serio.
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