De aquella botella he conseguido otra “hermana de la anterior”, que esta noche calurosa en Cantabria con tormenta incluida y ante la espera para que la temperatura descienda, he abierto.
Sigue con sus detalles florales en la nariz y con su boca suave, a la cual llena y su pastelería fina.
Por tanto cata en directo.
En verdad tenía razón la persona que me aconsejo su compra, pues su padre distribuidor de vinos en Bélgica (país que no produce apenas vinos, pero donde se aprecian y mucho los buenos vinos) siempre considero a los vinos de Blanquette de Limoux como a tener en cuenta.
A la vista se muestra con un color dorado, con destellos más amarillentos con algún tono verdoso, limpio y brillante, burbujas finas y numerosas. Color muy bonito.
En la nariz se presenta con una intensidad media, con fruta blanca, flores y quizás fruta blanca confitada.
En la boca presenta un paso con suavidad y plenitud en boca, con detalles de pastelería fina.
Fase final media pero que muy agradable
Botella con etiqueta típica de los espumosos, con pocos detalles en francés y sin contraetiqueta.
Curiosa esta botella, ayer mañana la encontré por casualidad en la despensa, pues había quedado olvidada de una compra que había realizado en Francia hace algo mas de un año y que no nos había gustado a nadie en casa, hemos dado una segunda oportunidad ayer y nos ha gustado de forma clara un año mas tarde. Conclusión hay que dar una segunda oportunidad a todos e incluso a los vinos.
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