Es curioso, como después de haber bebido y recatado este vino, no había tenido el momento ni la oportunidad de estudiarlo con añadas más evolucionadas.
Curiosamente y, por azar y casualidades de la vida, entre amigos y un servidor, me he encontrado disfrutando y ¿por qué no decirlo? diseccionar este vino en toda su vida de servicio y consumo (si acaso no me halla extendido poco...)
Bebiendo unas cuantas botellas del actual 2013 y una 2012 bebida no hace mucho, añado la cata de este 2011 que, junto a la valoración de mis amigos Ibor acerca de un 2008 bien cuidado en sus manos, podremos tomar buena medición de este blanco. Un blanco que no sólo en la D.O. si no en el país, pasa por ser una de las Chardonnays de más innegable factura realizada.
En el caso que nos ocupa, la 2011:
Vuelvo ha hacer hincapié, en la reseña que siempre he bebido este vino, en el año, o al año de su comercialización.
Visualmente, nada, o casi, ha cambiado: luminosidad, amarillo brillante en el cristal de la copa. Tal vez menos pulido, menos dorado...pero poca variación con los 234 de siempre.
La nariz...es otro cantar. Aquí nos vamos a poder explayar, pues desde aquí parte lo más interesante de su cambio: notas almibaradas, toques de melocotón... La piña tan típica de este vino y esta variedad, ha madurado y nos cede paso y se aparta para nuevas sensaciones. Los ramalazos de almendras y algún fruto seco más nos transportan al Enate Chardonnay con crianza en barrica ( el fruto seco y la piel de frutos secos es menos obvia, cierto. Pero ahí está...). Incluso ciertos toques de piña colada, hierbas de infusión, manzanilla... Me gusta esta nariz...
La boca resulta sedosa y grasa a la par. Melosa. Acidez media-baja. Notas de melón francés jugando a ser maduro... Más notas de hierbas de infusión. Conviene mantenerlo fresco en este momento, pues este 234 se nos puede antojar pesado y excesivamente cargante en el trago. Si respetamos ésto, el vino sigue bebiéndose bien.
Final de peristencia media-baja con recuerdos de almíbar y frutos secos.
Debo decir que me ha resultado muy interesante en esta semana - semana y media, el haber tomado buen apunte de la evolución de este vino en el tiempo.
Si en cuanto añadas tuviera que pronunciarme y obviando un poco el paso del tiempo, debo decir que tanto esta 2011 ha envejecido bien, como que la 2012 ahora mismo está muy interesante, rica y lista para servir.
En cambio, y a pesar de la excelente regularidad en cosechas con la que nos obsequia año tras año este blanco de Enate, debo decir que la 2013 pasa por ser la más flojita (que no mala), de las que he probado. Falta de acidez, definición, en comparación con las otras.
Pero éste no debe ser el resumen final con el que me quedaría de este vino. Quizás la nota más importante sería: si quieres un vino vibrante, muy fresco y frutal, tómalo en el año. Disfrutarás.
Si quieres un vino con más madurez, elegancia (sobretodo en nariz) y sobriedad, tómalo en el 2º o 3º año. Pero no pasemos de ahí...por lo menos en este Chardonnay de la bodega.
Grato encuentro y noble impresión la de un servidor, para con este vino de la bodega de Salas Bajas.
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