Un 10 para el marketing de este cava, saben hacer que la botella entre por los ojos, la visten muy bien, con un lacre en el tapon ( cuesta sacarlo) y con una etiqueta que es el vestido de una mujer, todo diseñado por Pablo Merino y Mayaya Cebrian, todo muy bonito (hasta yo he caido)pero lo de dentro, osea el cava deja mucho que desear y ademas con un precio bastante subido, sobre los 23 euros.
Es un cava muy ligero, la burbuja es enorme y al cabo de dos minutos deja de estar en la copa, el carbonico en boca va por donde quiere.
Ligero en nariz y ligero en boca.
Normalmente no suelo puntuar los vinos que no me gustan ni hacer critica, pero en este me he sentido engañado
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