Picota granatoso, capa alta.
No muy intenso en nariz, se muestra con limpieza y con un cierto carácter floral, frutal y mineral. Más fruta negra en sazón. Con el aire aparecen registros especiados, balsámicos y de regalices. Le cuesta algo expresarse en estos momentos, se nota un pelín el alcohol.
En boca es algo monocromo, quizá demasiado inexpresivo. Está equilibrado y pese a su buena factura me resulta algo pesadote en su paso por su densidad, no compensada por la acidez. El final resulta algo tosco con un tanino todavía algo agresivo. Quedan recuerdos de frutas negras licorosas. Buena persistencia.
Complicado clasificar este vino, demasiado moderno, demasiado falto de personalidad. ¿Rioja? ¿San Vicente? No sé, la verdad. Tampoco sé la razón de dos grandes como Vega Sicilia y la familia Rotshchild de entrar en Rioja para ofrecer vinos tan poco personales. Veremos la evolución, pero este inicio no nos ha gustado mucho. Unos 45 euros.
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