Casi medio año después recato esta garnacha concebida para la exportación y compruebo que estaba mucho mejor, dónde vas a comparar, el año pasado.
Esos toque "lamineros" que comentábamos en la anterior cata, se han atrincherado y apoderado del vino, resultando pelín rancietes.
Y lo mismo pasa en boca. La carga frutal se ha azmizclado y ya no es lo mismo.
No es que no se pueda beber ni mucho menos, pero... Cachis! Con lo bueno que estaba!
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