Para ser breve y quizás de mala fe, digamos que es un vino de cuerpo medio, medianamente graso, de mediana intensidad, de mediana concentración tánica y de mediana longitud, con sus sempiternas notas de mermelada de grosella negra, de paloduz, de ciruela damascena y de roble tostado, uno de estos innumerables tintos estereotipados y letalmente aburridos que la zona de Burdeos produce en cadena - sea cual sea el terruño - pero estar en el promedio - el sueño del bordelés medio - es no estar en nada. Carece cruelmente de personalidad.
Sin embargo, si tenemos en cuenta el precio ventajoso de la botella, el dios Mammón ha ganado la partida y todo va de la mejor manera en el mejor de los mundos posibles. ( PVP : 17, 34 € )
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