Egon Müller. Bautismo de Riesling a lo grande
Lo que iba a representar una escapada más de las que me gusta organizar con la cuadrilla con destino a regiones o ciudades de interés enológico, se convirtió en un autentico lujo por el cartel de las bodegas que tuvimos la fortuna de visitar. Está vez el destino era el Mosela, como ferviente seguidor de los vinos blancos y una vez visitada la que para mí es mi región favorita en cuanto a ese tipo de elaboración, la Borgoña, esta vez puse el punto de mira en una región histórica, donde el vino blanco supera por goleada al tinto gracias a una variedad denostada en décadas no muy lejanas y sin embargo encumbrada en nuestros días al Olimpo de las variedades blancas, el Riesling.
El Mosela es un afluente del Rhin, aunque tiene su origen en Francia, en los montes Vosgos y a lo largo de sus 130 km de trayecto va dibujando increíbles meandros rodeados de empinadas pendientes en las que se encuentran algunas de las mejores viñas del mundo. Es verdaderamente impactante observar un viñedo colgado literalmente de una pared en muchos casos de hasta un 65 % de desnivel, sin la ayuda de terrazas como existen en otras latitudes. Suelos pizarrosos, cepas prefiloxéricas en muchos casos, viñedos que buscan la orientación sur para aprovechar al máximo las limitadas horas de sol que disfrutan en esta región ubicada en los límites septentrionales extremos que permiten una madurez correcta de la uva. Extremo, esa es la mejor calificación del Mosela.

Gracias a la inestimable intermediación de uno de los grandes personajes del mundo del vino que he tenido la suerte de conocer en los últimos tiempos, Florian Miquel, hemos recorrido durante 3 días algunas de las grandes bodegas que han consolidado al Riesling Alemán como una de las grandes referencias enologías mundiales. Tres buenos amigos, Ismael Gozalo y Javier Zaccagnini (Ossian), John Gilman (periodista enológico americano) y Florian, comenzamos nuestra andadura en la que quizás sea la mejor bodega, o cuando menos la más afamada de cuantas se ubican en el país germano, Egon Müller. Situado en el valle del Saar (afluente a su vez del Mosel), próximo al pequeño pueblo de Wiltingen, abierto a los gélidos vientos del este que hacen todavía más complicado el objetivo de la madurez de la uva, se encuentra el Scharzhof, una gran mansión que sirve además de residencia, como bodega de este grande del vino alemán. Situada a los pies y al abrigo del Scharzhofberg una montaña con orientación sur que es el soporte de uno de los cinco viñedos míticos y más importantes de Alemania (lo que le confiere al vino el privilegio de reflejar en su etiqueta el viñedo al que pertenece). Egon Müller posee una cuarta parte de las 27 ha. de este viñedo que durante más de 200 años ha pertenecido a esta familia y que hoy en día dirige Egon Müller IV.
En el mismo recibidor de ese gran caserón pudimos catar 19 muestras, la mayoría de ellas recién sacadas de los viejos fudres de 1.000 litros en los que los mostos fermentan con sus propias levaduras autóctonas y en los que permanecen un máximo de 6 meses. Catamos desde los Kabinett hasta un TBA, pasando por Spätlese y Auslese, probando distintos lotes dentro de cada categoría. Las conclusiones: estamos ante unos vinos diferentes, especiales, con una gran tipicidad, ajenos a la globalización que se está apoderando del mundo del vino. Con una imponente acidez difícilmente obtenible en otras latitudes, que junto con un azúcar residual no aceptable para muchos paladares en estado libre, son capaces de formar un matrimonio cargado de equilibrio, complejidad, profundidad e incluso poniéndonos en plan “chorra” hasta de meditación.
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Visitas como está me ha servido para dar por buena la teoría muy extendida en los tiempos que corren que el vino se hace en la viña, y que los avances tecnológicos y la mano del enólogo sólo suman un pequeño porcentaje en la consecución de un gran vino. Pudimos bajar a la bodega subterránea de los Müller y la verdad, alguna cuadra en España está en mejores condiciones que esta cava. A penas maquinaria, pequeña prensa horizontal y varias verticales, algún depósito de inox y sobre todo dos estancias en las que descansan viejos fudres con un mínimo de 15 añadas a sus espaldas, que contrastan con la cantidad de madera nueva que consumimos en nuestro país. Quizás lo más atractivo es el viejo cementerio de botellas que a buen seguro guarda verdaderos tesoros inalcanzables para el común de los mortales.
Sin embargo cuando tienes en la copa el elixir que se elabora en esa vieja y oscura bodega te das cuenta de la tremenda calidad que atesora y de ello tiene toda la culpa el terroir de donde aflora ese fruto, que le aporta la mineralidad tan presente en estos vinos, asociada a los suelos de pizarra tan característicos de esta región del Mosela.
Tuvimos la fortuna de disfrutar de una agradable velada con los Müller ya que tuvieron la deferencia de invitarnos a cenar en su increíble residencia, donde además de un fantástico menú salpicado de elaboraciones típicas germanas se descorcharon grandes vinos. El aperitivo en la biblioteca y los entrantes fueron acompañados por tres botellas de Spätlese de las añadas 2001, 2006 y 2007, todas ellas en formato magnum, lo cual además de ser muy poco habitual para este tipo de vino, fue un auténtico privilegio. Catamos también los blancos secos de dos proyectos en los que participa Müller tanto en Eslovenia como en Australia. La verdad es que nada destacables sobre todo comparándolos con los grandes monstros con los que competían. Para rematar disfrutamos de dos botellas de Auslese 2003 que definieron cual es el verdadero nivel de esta casa y de este tipo de vinos sobre todo cuando el tiempo va equilibrando si cabe aun más el binomio entre acidez-azúcar, cuando los característicos aromas de hidrocarburos comienzan a hacer acto de presencia, y cuando la complejidad y la persistencia convierten a estos vinos en auténticas joyas enológicas.
No me puedo olvidar de los dos tesoros que nos regalaron Florian Miquel y su amigo Marcus, un Vosne Romanee de 1945 y un Clos Vougeot de 1940, dos auténticas reliquias, sueño de cualquier enamorado de este mundillo, pero sinceramente para los que aun no estoy preparado.
Así tuvo lugar mi bautismo de Riesling, a lo grande.
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en respuesta a EuSaenz Ver mensaje de EuSaenz Eugenio, o sus dos vinos o mi Salon 1914...las dos cosas no pueden ser...tú decides. Un abrazo.
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en respuesta a CarlosGonzalez Ver mensaje de CarlosGonzalez ¡Qué cabrón! ¿No pueden ser los tres? Tú y yo vamos a hablar estos días... ;-)
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en respuesta a EuSaenz Ver mensaje de EuSaenz jajajaja era broma por supuesto jajaja... si a ti en cuanto te pican...
Un abrazo
Carlos -
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en respuesta a CarlosGonzalez Ver mensaje de CarlosGonzalez Pero que #*$%/***?& que eres Carlos, ya me estaba sacando los billetes para Barna… :-D
De todas formas ya sabéis que nos debéis una visita por aquí, eh?
Un abrazo,
Eugenio. -
en respuesta a EuSaenz Ver mensaje de EuSaenz Lo sé,lo sé :) lo tengo guardado en el pen :)
Venga crack! ;) -
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en respuesta a Vinicult Ver mensaje de Vinicult Ponte en contacto con ellos:
Son de Barcelona y llevan los vinos de Müller (entre otros).
Saludos,
Eugenio.
