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El Bosque

La Sala de Espera del Depósito - Capítulos del diez al catorce

10.

Ángel no tardó mucho en llegar a la autopista A6, iba en dirección contraria a la mayoría de conductores que entraban a Madrid por la mañana.
 
Una vez pasada la gasolinera de la Cuesta de las Perdices se sintió libre para descargar adrenalina pisando el acelerador y poniendo el Cougar a 160 km/hora, no le importaba que le pararan ni que le mandaran una multa por correo.
 
–¡A la mierda todo! Paula se había ido, pero lo había hecho montando un numerito, como no podía ser de otra manera.
 
A ratos se sentía furioso y hubiera querido matarla con sus propias manos pero, cuando la rabia lo abandonaba, sólo sentía desolación y abandono –¿Por qué Paula? ¿por qué? Si yo te quería, yo te amaba …
 
 
Afortunadamente esos momentos de flaqueza se le pasaban pronto, eran como fantasmas fugaces que hacían su aparición, clavaban su cuchillo cuidándose muy mucho de no matar, y volvían a desaparecer.
 
Empezó a hacer una lista mental de prioridades para cuando llegara a casa. Sabía que era cuestión de tiempo, de poco tiempo, que ese inspector de policía solicitara y obtuviera una orden de registro para la vivienda.
 
Primero el ordenador de Paula, prioridad número uno. No, primero una ducha. Quince minutos no iban a ningún lado y él necesitaba volver a sentir el agua en su cara para tener pleno control sobre su cerebro.
 
Tras la ducha se sentó a la mesa del estudio de Paula, una de las habitaciones que hubieran debido de ser para los niños que nunca vinieron. La otra la ocupaba su despacho, y aún había otra más, aparte del dormitorio principal, reservada para invitados. Todas se encontraban en la planta de arriba.
 
Inició Windows y cuando en la pantalla del escritorio apareció la ventana del Messenger, intentó conectarse. Probó varias posibles contraseñas pero no obtuvo resultados.
 
–¡Me cagüen …!
 
Estaba seguro de que la policía sí podría acceder al Messenger, de allí a sus correos y también a sus contactos. Sacó el móvil del bolsillo y marcó un número. Daba señal pero nadie lo cogía
 
–Joder ¿es que todo me tiene que salir mal?
 
Empezó a rebuscar por la carpeta de Mis documentos pero aquellos que podía abrir, no le decían nada interesante, y había muchos, muchos, con contraseña.
Sintió en el bolsillo del pantalón la vibración del móvil.
 
–Tío Ángel, me has llamado.
 
–Sí Felipe ¿estás en clase?
 
–Estaba pero no importa.
 
–Necesito un favor.
 
–Los que quieras ¿estás bien?
 
Ángel obvió la pregunta y prosiguió.
 
–Tengo un pequeño problema con el que a lo mejor me puedes ayudar. Me he comprado un ordenador nuevo y el antiguo se lo he prometido a una de las administrativas de secretaría, pero estoy intentando borrar el acceso al Messenger y no consigo hacerlo ¿hay manera de hacerlo?
 
–Hombre, es tan fácil como desinstalar el programa.
 
–¿Y de esa manera ya nadie puede acceder a mis correos?
 
–Vosotros los intelectuales es que no os enteráis de nada. El Messenger, Hotmail, y también Yahoo, son servicios de red. Para que me entiendas, no están guardados en tu equipo, están colgados en Internet. Lo que tienes en tu equipo es un acceso a esos servicios de red, por llamarlo de alguna manera, es como una puerta. Tus correos, tus chats, todo eso está en Internet, no en tu equipo y si lo quieres borrar tienes que hacerlo en Internet, pero no tienes porqué, porque si nadie sabe tu contraseña, nadie podrá tener acceso a tus cosas.
 
–¿Quieres decir que cualquier persona que sepa mi contraseña puede acceder a mis cosas?
 
–¿Pues no es eso lo que te acabo de decir, tío Ángel?
 
–Aah, vale…, pero si desinstalo el programa, nadie tiene porqué saber que yo tengo una cuenta en Hotmail o que chateo por el Messenger ¿no?
 
–Hombre, nadie a quien no le hayas enviado un correo…
 
–¿Qué quieres decir?
 
–Estás un poco espeso esta mañana ¿no? Pues que la gente con la que hayas chateado o con la que te hayas escrito utilizando esos servicios, sí saben que tienes esa cuenta.
 
–Ah, claro.
 
Y mientras decía eso pensaba
 
“¡Mierda! Todos los amigos de Paula tendrán correos suyos y hasta conversaciones de chats grabadas, y seguro que hablaba de mí, seguro”
 
Bueno, sobre eso no podía hacer nada. Siguiente paso.
 
–¿Y para limpiar bien el contenido del PC qué hago?
 
–Te voy a mandar un link que te llevará a un sitio de descargas en Internet. Allí te descargarás el Simple File Shredder. Es un programa que en vez de borrar la información, escribe sobre ella cientos y cientos de veces, con lo que es imposible recuperar la información original. Si quieres me acerco esta tarde y te lo descargo e instalo yo mismo.
 
–No– saltó Ángel rápidamente –No hace falta que vengas. Es que esta tarde tengo que salir. Es fácil hacerlo ¿no?
 
–Sí, muy fácil. De todas maneras, si tienes alguna duda, me llamas y si estoy por el pueblo me acerco y te ayudo, o si no, por teléfono.
 
–Sí, por teléfono mejor. Ahora tengo que dejarte, tengo trabajo pendiente.
 
–Y yo, que me has sacado de clase.
 
–Es verdad, perdona y gracias.
 
–Nada de gracias, ya me lo cobraré…
 
–Claro Felipe. Un abrazo.
 
–Otro para ti y para Paula.
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11.

 
Tras la entrevista con Ángel Iglesias, el día había transcurrido sin pena ni gloria para Eusebio: los descuideros de siempre de la Gran Vía, un intento de atraco a una joyería y alguna cosa más, nada que no pudiera ser delegado. Hizo tiempo en comisaría revisando casos anteriores de sobredosis. La mayoría quedaban archivados, no se podía presentar un caso ante el juez si no había suficientes pruebas que demostraran que la víctima no se había suministrado la dosis por voluntad propia.
 
El término sobredosis era algo curioso porque en casi ningún caso el usuario se inyectaba más cantidad de la habitual, lo que variaba era la reacción del organismo ante una mayor pureza de la heroína o esa misma reacción orgánica desmesurada, tras haber pasado por un tratamiento de desintoxicación.
 
Miró el reloj, las ocho y media. Le seguía sobrando tiempo, no podía llegar al garito antes de las once, por lo menos. Calculaba que el local empezaría a llenarse sobre las doce-doce y media así que contaría con una hora para charlar con los/as camareros/as y quien fuera que se encargara del local.
 
Se decidió a abrir la caja de cartón que le esperaba desde media mañana en una esquina de su mesa y que le había estado haciendo guiños desde que allí la depositara el empleado de la empresa de mensajería.
 
La expresión del rostro le cambió según iba deshaciendo el embalaje. Había pocas cosas que hicieran sonreír a Eusebio y menos aún que le hicieran temblar el pulso: acariciar tiernamente con las manos el lomo de una botella de vino deseada era una emoción que se repetía, inevitablemente, cada vez que recibía un pedido.
 
Estaba enganchado al vino sin remedio, era su única debilidad, su pasión más inconfesable. Conocía todas las tiendas de Madrid y en ellas, todos los dependientes le conocían a él. Mas conocían al señor educado que primero se perdía por los pasillos para luego, entablar conversación con el/la dependiente, en el caso de que tuviera algún conocimiento sobre el tema, puesto que también existían los establecimientos tipo autoservicio en la que los empleados eran meramente reponedores o cajeros.
 
Eusebio disfrutaba de estas visitas sobremanera, más aún si cabe porque nunca se identificaba como lo que era, el Inspector Jefe de Policía, Eusebio López Bravo. En esos momentos de solaz que le permitían desconectar de la sordidez de su profesión, era simplemente Eusebio, un enamorado del vino.
 
En ocasiones en las que no le quedaba más remedio que esperar resultados forenses u otros datos, sin los cuales no podía seguir adelante con la investigación que tuviera entre manos, se zambullía en Internet, visitando páginas de bodegas, portales de clubes de vino, foros de aficionados, blogs de entendidos … Recababa información, la contrastaba, preguntaba en los foros y así, poco a poco, se iba preparando una pequeña lista de deseos para ir de caza por las tiendas en sus ratos libres.
 
Cuando entraba en una de esas tiendas en las que quien la atendía sabía de qué estaba hablando se podían pasar hasta una hora comentando los últimos cotilleos del mundillo enólogico: …a quién le habían dado el primer premio en no sé qué concurso, fíjate el último vino que he descubierto ¿Sabes algo de este enólogo? ¿Tú crees que es flor de un día? …
 
Luego llegaría el momento crucial, decidir qué botella llevarse. Normalmente no se llevaba más de una o dos, le gustaba tener variedad no cantidad, pero sí había adquirido la costumbre de comprar dos de una marca y añada que le interesara especialmente, una para consumir en el momento y la otra para hacerlo unos meses o años después y así observar su evolución.
 
Sin embargo, había veces que ese vino que se le había antojado no lo tenían en las tiendas que frecuentaba. Ahí comenzaba otra de sus diversiones, preparar un pedido por Internet y entonces sí, se dedicaba en conciencia a buscar vinos que fuera prácticamente imposibles de conseguir por otras vías, bien sea por su escasa producción o porque procedían de una región determinada que no tenía mucho predicamento en Madrid, ya se sabe lo pijos que pueden llegar a ser los madrileños.
 
Ése había sido el caso de la caja que le esperaba, invitándole.
 
Con unas tijeras, rasgó por la mitad y a lo largo la cinta de embalar marrón que cruzaba la caja en dos direcciones formando una cruz. Abrió primero una solapa de la caja, luego la otra. Apartó las bolitas de material blanco que servían de amortiguación y ya por fin, con la delicadeza con la que otros acariciarían una mejilla o un seno de mujer, Eusebio sacó la primera botella. La liberó del papel de burbujas que la vestía y la colocó frente a él en la mesa.
 
Suena el teléfono y se rompe la magia del cortejo.
 
–Sabía que todavía te encontraría allí.
 
La voz de Teresa sonaba pizpireta por el auricular.
 
–Hola Teresa ¿tienes algo para mí?
 
–Sí, por eso te llamo. Además de haber repasado la grabación de esta mañana, y hay cosas que me gustaría comentar contigo, ha pasado algo que creo te podría interesar. ¿Vas ya para casa o me invitas a unas tapas?
 
Eusebio se dio medio segundo para analizar todos los factores en pro y en contra de la propuesta.
 
–Te invito. ¿Por dónde andas?
 
–Cerca de la comisaría, podría estar en la puerta en un cuarto de hora.
 
¡Bien! Pensó Eusebio: suficiente tiempo para sacar las botellas y ponerlas a salvo de la calefacción del edificio, en la neverita que tenía escondida bajo la mesa.
 
–Estupendo Teresa. Te veo a las nueve en la puerta.
 
–Genial. Hasta ahora.
 
Una tras otra, fue sacando todas las botellas de la caja y guardándolas en el minibar sin desvestirlas de su atuendo de burbujas. Ya lo haría mañana, cuando tuviera tiempo para disfrutar de su hermosura y acariciar su excitante vidrio. Pero la que ya tenía desvestida, la colocó en una bolsita de botella individual y se la llevó consigo, la pobre, estaba desnuda y necesitaba el abrigo de un hogar, de su hogar. Se sonrió al pensarlo. Le daba tiempo a dejarla en el coche antes de salir con Teresa.
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12.

Tras dejar a Teresa en el portal de su casa que curiosa y afortunadamente se encontraba en el barrio de Bilbao adyacente al de Malasaña, su destino esa noche, arrancó el coche y encendió la radio. Inmediatamente reconoció la aguda y casi estridente voz de Neil Young. Una amarga sonrisa se dibujó en su cara al oírle entonar los primeros versos de “The Needle and the Damage Done”.
 
Como en casi todo, Eusebio era autodidacta con los idiomas y siempre se le habían dado bien. Nacido al inicio de la mítica década de los 60 del pasado siglo, la música anglosajona le había supuesto desde su primera adolescencia un escape de su diminuta habitación del diminuto piso del Barrio del Pilar, donde la única música que se escuchaba era la que bendecida por el régimen de Franco, sonaba por las cadenas de radio oficiales o si no, las voces de las vecinas cantando copla mientras tendían que llegaban hasta la ventana del pequeño Eusebio por el patio de luces.
 
Descubrió a los Beatles a través de un vecino que se llamaba Miguel, compañero también de colegio pero de un curso superior al suyo. Siempre que sus obligaciones de hijo mayor en una familia huérfana de padre se lo permitían, cuando recibía la señal de que Miguel estaba en casa señal que no era otra que el sonido de los Beatles o los Rolling Stones, desaparecía escaleras arriba hasta el quinto piso.
 
En otra diminuta habitación, de otro diminuto piso, Eusebio vivió los momentos más felices de su adolescencia. Una vez superada la etapa de iniciación, léase Beatles y Rolling Stones, vendrían los Who, los Kinks, Deep Purple, Pink Floyd, Genesis, Crosby, Still, Nash & Young, el propio Neil Young, David Bowie, Elton John… Esa sensación de estar ante algo nuevo que podía ser …, simplemente genial, ese último LP que uno u otro se acababa de comprar tras haber ahorrado pacientemente el poco dinero que podían sacar haciendo pequeños recados a los tenderos del barrio …
 
Menos mal que el vino le había devuelvo parte de esa pasión, de esa emoción, aunque con 49 años era difícil temblar de la manera en la que lo hacían Miguel y él con catorce.
 
No, el vino era otra cosa, otro amor, un amor adulto no adolescente …
I hit the city and I lost my band, I watched the needle take another man, Gone, gone, the damage done
I’ve seen the needle and the damage done, a little part of it in everyone, but every junkie is like a setting sun …”
La voz de Neil Young desgranaba las palabras como un lamento 
 …
Llegué a la ciudad y perdí a mi grupo, ví como la aguja se llevaba a otro hombre. Ya no está, ya no está, el daño está hecho
He visto la aguja y el daño que causa, una pequeña parte la llevamos todos dentro, mas cada yonki, es como un sol que se pone …”
La coincidencia del tema de la canción con el caso que le ocupaba, le hizo sentir escalofríos.
 
Dirigió el Toyota Corolla al aparcamiento que había visto en la calle Fuencarral a menos de cinco minutos andando del local de marras. Al menos, hoy no llovía.
 
Anduvo por la calle San Vicente Ferrer y antes de cruzar la segunda perpendicular lo encontró. Fachada pintada de negro. Sobre la puerta, también pintada de negro, un luminoso de neón amarillo fluorescente: “Born in the Sixties”. Eusebio se sonrió.
 
No se oía ningún sonido proveniente del interior, no obstante la puerta no opuso ninguna resistencia a ser abierta.
 
El local era rectangular. Nada más entrar había una larga barra negra a la derecha con lámparas con la pantalla de vidrio de color blanco en forma de campana. Ocho o diez banquetas a su largo.
 
A la izquierda se adivinaban -porque el local estaba prácticamente a oscuras- mesitas bajas redondas con taburetitos alrededor.
 
Más o menos a la altura en la que se acababa la barra haciendo una esquina y frente a las mesitas, se encontraba una pequeña pista de baile de forma octogonal con una estructura metálica por encima de la que colgaban focos de diferentes tamaños.
 
“Podía ser una pista de baile o un minúsculo escenario para un pequeño grupo de músicos, cuatro como mucho” se dijo para sí Eusebio y cuando ya empezaba a andar hacia el fondo del local para buscar a alguien que le diera razón de algo, oyó los primeros rasgueos de la guitarra eléctrica.
 
Un foco comenzó a esparcir una tenue luz que permitía ir adivinando una sombra en el centro de la pista/escenario.
I met her in a club down in old Soho, where you drink champagne
And it tastes like Cherry Cola
C-O-L-A Cola…”
 
Eusebio no daba crédito a lo que oía ¡era “Lola”  de los Kinks! una de sus canciones favoritas de todos los tiempos y la primera vez que se había encontrado en la vida con un travestí, Lola, la más hermosa de los travestis. Luego, en la vida real, vendrían más y con el tiempo, llegarían los/las transexuales.
 
Pero eso no era ni de lejos la única sorpresa. En el centro del pequeño escenario se empezaba a adivinar una figura alta y delgada, muy delgada.
 
Según el foco central la iba iluminando gradualmente, se veía a un hombre de aproximadamente 1,90 de estatura vestido con un pantalón color helado de vainilla, de cintura baja y pierna acampanada. La camisa estaba estampada con motivos psicodélicos en tonos morados y anaranjados, el amplio cuello sobresalía sobre la americana del traje del mismo color de mantecado que el pantalón, sobrepasando ampliamente las solapas.
…She walked up to me, and asked me to dance
I asked her her name, and in a dark, brown voice she said Lola
L-O-L-A Lola …”
Ese hombre delgado con pelo largo en incipiente melena que se contorneaba oscilando las caderas y retorciendo la cintura, seduciendo a una audiencia inexistente -no era consciente todavía de la presencia de Eusebio- ora con cara inocente y morritos dulces, ora con sonrisa maliciosa y mirada pícara acariciando el palo del micrófono como si del cuello de Lola se tratara, se encontraba haciendo play back del líder indiscutible de los Kinks, un doble de Ray Davies, pero no el Ray Davies de 2010 sino ¡el Ray Davies de 1970! como si lo hubieran sacado del Top of the Pops británico y lo hubieran depositado, allí, en el Born in the Sixties” de Malasaña, Madrid, España, año 2010. como en la serie “Life on Mars” que aquí intentaron copiar malamente y llamaron “La Chica de Ayer”
…I pushed her away, I walked to the door 
I fell to the floor, I got down on my knees 
and I looked at her and she at me …”
Eusebio no podía dejar de sonreírse, su representación era simplemente genial. No tenía ninguna duda, le dejaría interpretar la canción hasta el final.
Este caso no dejaba de depararle sorpresas, quizás había llegado el momento de reciclarse profesionalmente y abrir su mente, le quedaban muchas cosas por descubrir todavía. Mientras tanto, iba a disfrutar del espectáculo
 … Girls will be boys and boys will be girls, it’s a mixed, muddled up, shook up world 
Except for Lola, Lo, Lo, Lo, Lo, Lola …”
Se apagaban los últimos acordes y Eusebio rompió a aplaudir con fuerza. Si el doble de Ray Davies se había sorprendido o no por su inesperado público no lo demostró y con una sonrisa que pretendía ser sexy se acercó al lugar de la barra donde se encontraba Eusebio, manteniendo la cadencia de las caderas al andar pero más sutilmente.
Le extendió la mano derecha y enfatizando su sonrisa seductora se presentó
 
–Hola, soy Andy ¿te ha gustado?– sin esperar respuesta prosiguió –Vienes temprano, estaba ensayando … ¿Te pongo una copa?
 
La_Sala_de_Espera_del_Deposito_The_Kinks
 
(Transcripción íntegra de la letra de las canciones con su traducción)
 
THE NEEDLE AND THE DAMAGE DONE
I caught you knockin'
at my cellar door
I love you, baby,
can I have some more
Ooh, ooh, the damage done.
 
I hit the city and
I lost my band
I watched the needle
take another man
Gone, gone, the damage done.
 
I sing the song
because I love the man
I know that some
of you don't understand
Milk-blood
to keep from running out.
 
I've seen the needle
and the damage done
A little part of it in everyone
But every junkie's
like a settin' sun.
 
LA AGUJA Y EL DAÑO HECHO
Te pillé llamando, a la puerta del sótano
Te quiero encanto, ¿me puedes dar más?
Oh, oh, el daño hecho
 
Llegué a la ciudad y perdí a mi grupo
Ví como la aguja se llevaba a otro hombre
Ya no está, ya no está. El daño está hecho
 
Canto esta canción, porque amo a ese hombre
Sé que algunos de vosotros, no lo entendéis
Te sacas la sangre llena de caballo, para inyectártela cuando se te acabe
 
He visto la aguja Y el daño que causa, una pequeña parte la llevamos todos dentro
Mas cada yonki, es como un sol que se pone …”
 
 
LOLA (English)
I met her in a club down in old Soho
Where you drink champagne and it tastes just like cherry-cola See-oh-el-aye cola
She walked up to me and she asked me to dance
I asked her her name and in a dark brown voice she said Lola
El-oh-el-aye Lola la-la-la-la Lola
 
Well I'm not the world's most physical guy
But when she squeezed me tight she nearly broke my spine
Oh my Lola la-la-la-la Lola
Well I'm not dumb but I can't understand
Why she walked like a woman and talked like a man
Oh my Lola la-la-la-la Lola la-la-la-la Lola
 
Well we drank champagne and danced all night
Under electric candlelight
She picked me up and sat me on her knee
And said dear boy won't you come home with me
Well I'm not the world's most passionate guy
But when I looked in her eyes well I almost fell for my Lola
La-la-la-la Lola la-la-la-la Lola
Lola la-la-la-la Lola la-la-la-la Lola
I pushed her away
I walked to the door
I fell to the floor
I got down on my knees
Then I looked at her and she at me
 
Well that's the way that I want it to stay
And I always want it to be that way for my Lola
La-la-la-la Lola
Girls will be boys and boys will be girls
It's a mixed up muddled up shook up world except for Lola
La-la-la-la Lola
 
Well I left home just a week before
And I'd never ever kissed a woman before
But Lola smiled and took me by the hand
And said dear boy I'm gonna make you a man
 
Well I'm not the world's most masculine man
But I know what I am and I'm glad I'm a man
And so is Lola
La-la-la-la Lola la-la-la-la Lola
Lola la-la-la-la Lola la-la-la-la Lola
 
LOLA (En castellano)
La conocí en un club del Viejo Soho, donde bebes champán y sabe a cherry cola – c- o – l – a
Se me acercó y me invitó a bailar. Le pregunté como se llamaba y con una voz oscura y profunda me dijo que Lola
L-O-L-A
Pues yo no es que sea un tipo muy cachas pero cuando me abrazó fuerte casi me rompe la columna
No es que sea muy tonto pero no entiendo porqué andaba como una mujer y hablaba como un hombre
 
Bebimos champán y bailamos toda la noche, bajo la luz de velas eléctricas
Me levantó y me puso en su regazo, y me dijo: querido niño ¿quieres venir a mi casa esta noche?
La verdad es que no soy un tipo muy apasionado pero cuando le miré a los ojos
Casi me enamoro de mi Lola
 
La empujé lejos de mí, fui hacia la puerta
Me caí al suelo de rodillas, y entonces la miré y ella me miró a mí
 
En fin, es así como quiero que sea, y así quiero que sea con mi Lola
Las chicas serán chicos y los chicos serán chicas
Es un mundo revuelto, confuso, loco, excepto por Lola
 
Me fui de casa hace una semana, y nunca había besado a una mujer antes
Pero Lola me sonrió y me cogió de la mano diciéndome: Querido niño, voy a hacer de ti un hombre
Pues no es que sea un tipo muy masculino pero me alegro de ser lo que soy, y soy un hombre
Y también lo es Lola
 
La-la-la-la Lola la-la-la-la Lola
Lola la-la-la-la Lola la-la-la-la Lola
 
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13.

 
–Un gin-tonic, de Bombay por favor. Ensayando… ¿para qué?
 
Andy se quitó lo que entonces se vio que era una peluca descubriendo un cráneo totalmente pelado
 
–¿Con tónica Swcheppes o la Fever?– preguntó y sin esperar respuesta, mientras sacaba la botella prosiguió:
 
–Estamos preparando un homenaje especial para una amiga que se nos ha ido- el rostro de Andy se torció mientras pronunciaba las palabras.
 
–¿Y a dónde se ha ido? ¿Al extranjero?
 
–No me acuerdo cómo has dicho que te llamabas …
 
–No te lo he dicho– y mientras hablaba sacaba una tarjeta de su cartera y la depositaba con delicadeza sobre la barra.
 
–Entonces vienes por Paula ¿no? ¿Te puedo tutear?
 
–Por supuesto ¿y yo?
 
Andy movió la cabeza en señal afirmativa.
 
–Es ella quien se ha ido ¿verdad?
 
Se veía que Andy hacía ímprobos esfuerzos por contener las lágrimas, esquivando la mirada de Eusebio e intentando controlar sus movimientos faciales.
 
–Cuéntame qué homenaje le ibas a preparar.
 
Eusebio había matizado su habitual tono neutro modulando la voz para inferirle calidez, una habilidad -otra más- que había aprendido a perfeccionar en su profesión. La verdad es que no le costaba mucho esfuerzo, no le era difícil reconocer que Andy le gustaba.
 
Mirando a la barra, con la cabeza gacha para esconder las lágrimas que ya le caían sin remedio, Andy continuó
 
–No soy sólo yo, somos el grupo de aquí, una panda de chalaos, locos por la música de los 70 y los 80…
 
–Y Paula era parte del grupo …
 
–Más que parte, Ella ponía el alma y yo el corazón, los demás participaban pero no llegaban a nuestra conexión, nuestras almas estaban unidas, todos nos envidiaban cuando salíamos al escenario juntos …
 
Pausa
 
-Hasta que todo empezó a cambiar …
 
Eusebio dudó unos instantes, Andy estaba receptivo y hablador, podía forzarle, dirigirle con sus preguntas pero algo le decía que puesto que no iba a tener problemas para hablar con él era mejor no forzarle y dejar que desahogara su dolor, ese torrente de emociones le iba a proporcionar mucha más información.
 
–Ese hijo de puta, ese hijo de puta …
 
–Hola Andy ¿cómo lo llevas?
 
Una aguda voz femenina impidió a Eusebio articular la pregunta obvia.
 
–Pues lo llevo Kimi, lo llevo.
 
Kimi era pequeñita y redondita.
 
Su pelo largo estaba teñido por mechones en casi todos los colores del espectro cromático. Predominaba el rubio platino y el rosa y lo llevaba recogido en diferentes fases por coletas y trenzas, pero algunos mechones caían libres, como el del flequillo.
 
Su piel era muy blanca, tono acentuado por un maquillaje en el que predominaban los polvos de arroz como el de una geisha. Los párpados estaban coloreados haciendo juego con la variedad de colores del cabello, y los labios, de un color rosa fluorescente, con el brillo de un húmedo chicle.
 
El óvalo de su cara era redondo, las mejillas carnosas como manzanas, la nariz chiquita y respingona. La boca pequeña, de labios agrandados por el delineador labial y el gloss.
 
Vestía una variada gama de ajustadas camisetas de tirantes superpuestas, en blanco, negro y colores chillones. En unas los tirantes eran más anchos y en otras más finos, cayendo en diferentes lugares de los hombros y marcándo la forma de sus amplios pechos, desproporcionados para su escaso 1,60 de estatura que le calculaba Eusebio sin tacones.
 
Una corta minifalda de cuero negro apenas le cubría el trasero y de ellas salían unos leggings blancos que terminaban en botines grises centelleantes con miles de lentejuelas.
 
–Ya …
 
Mientras lo decía andaba hacia el fondo del local y desaparecía de la vista, para unos segundos después reaparecer detrás de la barra.
 
–Mira Kimi, te presento al Inspector Jefe Eusebio López Bravo. Le gustan los Kinks …– Esta última información sirvió de salvoconducto y pintó una tímida sonrisa en la cara de Kimi.
 
–Hola ¿Le puedo...?
 
Sonriendo, Eusebio asintió con la cabeza, le hacía sentir bien que esta gente no temiera a la autoridad que él representaba, eso en principio decía cosas en su favor.
 
–Vienes por lo de Paula ¿verdad?
 
Eusebio volvió a asentir con la cabeza mientras le daba un corto trago al gin-tonic.
 
–Hoy es mal día, esto se va a llenar muy pronto y además está el morbo…
 
Durante esos minutos el local había empezado a animarse y había varios grupos de dos o tres personas ya a lo largo de la barra.
 
Andy había puesto música, “Next to You” de los Police, y empezaba a atender a la clientela.
 
–Me gustaría mucho hablar con usted, pero tranquilamente.
 
Eusebio asentía con la mirada y seguía dándole tragos cortos al gin-tonic.
 
–Creo que a Andy también. Está hecho polvo, quería mucho a Paula. Todos la queríamos pero él más que nadie. ¿Qué le parece si quedamos un día de la semana que viene a primera hora de la tarde? Así nos ve ensayar y no se nos echa encima la hora de abrir.
 
–Supongo que el lunes descansaréis, así que si os parece el martes.
 
–No, qué va, nosotros no cerramos nunca, podemos quedar el lunes.
 
–Estupendo, pues el lunes ¿a las cinco está bien?
 
–Muy bien.
 
Eusebio hizo ademán de pagar pero Kimi le hizo una señal cortante con la mano impidiéndoselo.
 
–Ayúdenos a limpiar el nombre de Paula y aquí jamás pagará una copa.
 
Y en ese instante apareció Andy con un recién mezclado gin-tonic
 
–¿Le gustan los Jam?
 
Se empezaban a escuchar los acordes de “Beat Surrender”
 
La_Sala_de_Espera_del_Deposito_The_Jam
 

14.

De camino a casa el cerebro no le paraba de dar vueltas al día de hoy, las tuercas giraban y giraban intentando encajarse en el lugar preciso, probaban distintas opciones pero el ajuste perfecto se resistía.
 
Primero la entrevista/interrogatorio a tres bandas con Ángel Iglesias y Teresa. Más tarde las novedades que trajo la propia Teresa y por fin, la velada en el “Born in the Sixties”.
 
De todo, lo que más le daba que pensar era las cosas que le había contado Teresa en torno a unos berberechos a la plancha, un plato de pulpo y unos pimientos de padrón, en un mesón gallego de cerca de la comisaría cuyo propietario provenía de Cambados y que servía un excelente Albariño, elaborado por su propia familia.
 
–Y bien, Teresa ¿qué has descubierto en la cinta que te ha hecho llamarme a estas horas? porque no creo que estés aquí por el simple placer de mi compañía o que andes tan mal de dinero que necesites que te invite a cenar…
 
Los ojos de Teresa chispeaban pícaros detrás de los pegotes de rímel.
 
–Pues muchos lujos no me puedo permitir pero todavía puedo invitarte yo a esto, que sé que aquí no me dejaré el sueldo– sonrió –Mira Eusebio, todavía quiero dedicarle más tiempo a la cinta, sabes que me tomo estas cosas muy en serio.
 
–Casi lo único que te tomas en serio– y a pesar de su semblante reservado, los ojos de Eusebio se permitían una chispa sonriente.
 
Estaban en un pequeño comedor al que se accedía por unas escaleras de madera que emergían del final de la barra. A pesar de ser viernes eran los únicos clientes en ese momento, la fauna de la Gran Vía no empezaría a reclamar alimento hasta bien pasada la medianoche.
 
–Tendrás mi informe ponderado sobre tu mesa el lunes por la mañana, pero te adelanto que Ángel Iglesias es un hombre muy inteligente, que a pesar del shock por el que indudablemente está pasando oculta algo y hay que ser muy calculador y sobre todo frío para no descontrolar en momentos como estos.
 
Hizo una pausa para comer rápidamente de los tres platos y continuó
 
–Pero lo curioso es que esta tarde me llamó al móvil.
 
–¿Te llamó?– Los ojos de Eusebio cambiaron, la sonrisa desapareció de ellos y el motor de su cerebro se puso a trabajar a toda máquina, casi se le podía oír rugir –Eso sí que no me lo esperaba.
 
–No, ni yo. Al acompañarle a la puerta le di mi tarjeta -como hago con todos aquellos sobre los que me pedís opinión- pero sin ninguna esperanza y estaba esta tarde en casa, precisamente estudiando las inflexiones de su voz con el ecualizador del ordenador cuando me sonó el móvil. Lo cogí sin pensar y cuando me dijo quien era casi se me cae de la mano.
 
Nueva pausa, esta vez para regar el paladar con el Albariño.
 
–Pero ésa no iba a ser la única sorpresa. Empezó a hablarme de la familia de Paula, de que todavía no sabían nada, de que no sabía cómo iba a decírselo… El caso es que yo presentía que iba buscando algo pero que si podía evitarlo no me iba a mostrar sus cartas.
 
Nueva pausa, paseo por los platos y sorbo de Albariño
 
–Yo le dije que comprendía que dar ese tipo de noticias era un trago y que si quería yo hablaba con alguien de la comisaría para que fueran ellos los que pusieran en antecedentes a la familia.
 
Pimiento de padrón extra-picante, fuego calmado con un buen trozo de miga de pan proveniente de la oronda hogaza que yacía plácidamente a medio cortar sobre una tabla.
 
Eusebio comía en silencio y aunque no la miraba, no perdía palabra de lo que estaba diciendo.
 
–Noté que cambiaba el timbre de su voz, detecté un atisbo de pánico encubierto. Me rogó que no lo hiciera, que era mejor que la noticia se la diera él pero que si podía contar con un poco de confidencialidad por mi parte. Le pregunté qué era exactamente lo que quería decir con confidencialidad, su respuesta fue que si se podía ocultar a su familia de alguna manera que la muerte de Paula se había producido por sobredosis, que si conocía a alguien del Departamento Forense para que cambiara el informe del fallecimiento y pusiera simplemente que se había debido a un fallo cardiaco sin mencionar la sobredosis que lo provocó, ...al fin y al cabo, su corazón dejó de latir ¿no?
 
Los ojos de Eusebio volvían a sonreír esta vez sin perder su frialdad, con un marcado brillo irónico. No, no le sorprendía en absoluto lo que estaba oyendo, encajar piezas le producía un intenso placer.
 
–Yo, por supuesto no le dije que se había iniciado una investigación criminal para determinar si la muerte era calificada como accidental o intencionada por lo que no podía tocarse ni una coma del informe. Simplemente le informé de que eso iba en contra de la buena praxis profesional y que ningún forense se prestaría a arriesgar su prestigio y su carrera de esa manera.
 
Habían terminado ya las raciones y Eusebio sirvió otra ronda de Albariño
 
–¿Y se quedó contento con tu respuesta?
 
–¡Qué va! Cuando siguió hablando se le escapó un tono bastante impertinente, hasta ese momento había hablado con suavidad, casi intentando seducirme.
 
–Eso es porque no te conoce, Teresa, tú no te dejas seducir por cualquier embaucador- La chispa divertida había vuelto a los ojos de Eusebio.
 
–Y me soltó: ¿Y tampoco puedes hacer nada para que omitan lo de su embarazo? Y yo le contesté, y no pude contener el mal tono: Usted debe tener el teléfono del médico forense, llámelo directamente y pregúntele.
 
¡Lo que peor me sienta es que se haya creído que podía manipularme!!!
 
–Pobre Teresa, te han herido en tu orgullo– reía ya abiertamente Eusebio
 
Teresa, poniendo un mohín que quería resultar amenazante
 
–Éste no sabe con quien se la está jugando– y se echó a reír a carcajadas.
 

***

 
Al llegar a casa marcó el teléfono de Fernando y mientras esperaba a que saltara el contestador -estaba seguro de no encontrarle allí un viernes por la noche- componía mentalmente el mensaje que le dejaría pero para su sorpresa, escuchó la voz de Fernando al tercer ring:
 
–Hola Eusebio.
 
–Hola Fernando, no esperaba encontrarte en casa ¿Interrumpo algo?
 
–Ya me imagino. No, no interrumpes nada que no pueda ser retomado cuando acabemos.
 
–Bueno, tú sabrás… Te tengo que pedir uno de nuestros cambalaches.
 
–Dime.
 
–Necesito que trabajes un poco mañana y te lo compenso con un lunes.
 
–Sabes que no necesito que me lo compenses.
 
–Bueno, de eso ya hablaremos. He estado cenando esta noche con Teresa y me ha contado algunas cosas curiosas de Ángel Iglesias.
 
–¿Ah sí?
 
–Sí, está intentando manipular la información- pausa de segundos -Mira Fernando, he estado pensando sobre las posibles estrategias y he decidido llevar esta investigación de tal manera que parezca que cada uno vamos por nuestra cuenta. Mañana por la mañana quiero que te acerques a casa de Ángel Iglesias e intentes acceder a las cosas de Paula. Sé que no llevamos orden de registro pero lo que quiero saber es si él voluntariamente nos daría acceso a ellas. Me interesa saber especialmente si tenía ordenador.
 
–Vale, perfecto ¿algo más?
 
–Sí, por favor. Por la noche quiero que te acerques al local dónde se encontró a Paula, al “Born in the Sixties” pero no quiero que entres, quiero que te quedes fuera en el bar de enfrente que tiene cristal y vigiles el movimiento de la puerta. Lo que me interesa saber es quien trapichea por ahí y con qué. Es importante que nadie te identifique como policía.
 
–Sabes que no suelen hacerlo.
 
–Lo sé. Pues eso es todo. Perdona que te haya interrumpido.
 
–Tranquilo, hay confianza.
 
–Gracias. Hasta mañana Fernando.
 
–Hasta mañana Eusebio.

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