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El Bosque

La Sala de Espera del Depósito - Capítulos 24 y 25

Resúmen capítulos anteriores:

Nuevo personaje siniestro: Comisario Álvaro Castro. Ángel continúa en su sombría escalada añadiendo violencia a su errático comportamiento.

24.

Kimi se iba directamente al Born por lo que Eusebio se ofreció a acercarla en un taxi pues en el último minuto había decidido desplazarse hasta la taberna mediante ese medio de transporte. Aceró su mirada para cortar la no muy convencida protesta de Kimi indicándole que el metro estaba al lado y que meterse en el centro de Madrid en coche era una locura.
 
Sin mayor problema encontraron un taxi en la calle Bravo Murillo y tras dejar a Kimi, Eusebio se bajó unos pocos metros más adelante, necesitaba pensar y lo hacía mejor andando.
 
Aunque lo que realmente le pedía el corazón era irse directamente a casa para buscar la historia de Paula y “El Rubio” Eusebio estaba muy acostumbrado a no escuchar a su corazón y seguir siempre las directrices que emanaban de su cerebro, al fin y al cabo hasta ahora no le había resultado complicado acallarlo porque tampoco hablaba muy alto, sin embargo parecía que últimamente algo fallaba con el control de volumen.
 
Sintió la vibración del móvil en el bolsillo interior de su cazadora.
 
 
–Hola Fernando ¿Tienes algo para mí?
 
–Sí. Perdona que haya tardado tanto en llamarte pero la persona que me podía dar la información que me pedías no entraba hasta las cinco. Efectivamente, Ángel Iglesias llamó el sábado por la tarde y en su calidad de cónyuge de la fallecida dio instrucciones al Tanatorio para que el cadáver fuera preparado para su incineración insistiendo en que quería que fuese llevado a cabo lo antes posible.
 
Pausa tras murmullo aprobatorio.
 
–Tú estuviste con él ese día por la mañana ¿no?
 
–Afirmativo Eusebio.
 
–Bien– Nueva pausa –¿Estás en comisaría?
 
–No, voy de camino a nuestro hotel. El subdirector Carlos no sé si te acuerdas de él, me ha llamado porque parece ser que el departamento comercial no está muy puesto en política exterior y tienen un pequeño lío. Resulta que se acaban de dar cuenta de que con motivo de la Cumbre Internacional que se celebra dentro de un par de días han aceptado las reservas de varias habitaciones que, curiosamente, son parte de dos delegaciones extranjeras, adivina cuáles… ¡palestina e israelí!!!!! Y coinciden al menos en una noche.
 
Eusebio se echó a reír
 
–Así que te han llamado para apagar posibles fuegos.
 
–Algo parecido. Tengo que supervisar la asignación de habitaciones y examinar las vías de acceso a los ascensores para que los recepcionistas dirijan a los de una delegación por un lado y los de la otra por otro.
 
–¿Y no pondrán pegas?
 
–Esta gente está acostumbrada a todo tipo de cosas raras en aras de preservar la seguridad. Lo importante es que el personal esté bien aleccionado y que no meta la pata.
 
–¿Y quién se va a encargar de eso?
 
–¿Tú quién crees?
 
Eusebio no pudo reprimir otra pequeña carcajada
 
–Para eso me han preparado una especie de asamblea con el personal después de la reunión con la directiva.
 
–Buena suerte Fernando.
 
–Ya me contarás mañana las novedades del caso Reinoso.
 
Eusebio torció el gesto, de repente no le gustaba que se llamara a ese caso de la manera en que normalmente los identificaban, y con voz más seca de lo que él hubiera deseado se despidió
 
–Claro. Bueno, te dejo que ya estoy entrando en comisaría.
 
–Hasta luego Eusebio.
 
Al pasar por el mostrador de recepción preguntó al agente Antonio si había alguna novedad y de esa manera se enteró de que Teresa le esperaba en el despacho -Eusebio había avisado de que comía fuera pero que volvería después de comer- y de que Álvaro Castro había preguntado por él pero se había marchado ya. Eusebio frunció el ceño al saber de las preguntas de Álvaro, empezaba a cansarse de que le utilizara para ponerse medallitas sin hacer nada, pero suavizó la expresión al despedirse de Antonio.
 
–Hola Teresa ¿llevas mucho tiempo esperando?– sonriendo con la mirada mientras rodeaba la mesa para sentarse en su silla.
 
–Un cuarto de hora nada más, pero no te preocupes, yo siempre llevo algún expediente encima que repasar para no aburrirme.
 
–Me viene estupendamente que estés aquí porque quería pedirte un favor pero algo tendrás tú también porque no sueles hacer visitas de cortesía.
 
–Pues la verdad es que lo que quería es que me contaras tú, quería llamar a Ángel Iglesias para quedar como tú me pediste pero no sin antes saber si había novedades.
 
–Pues las hay Teresa, las hay. Acabo de comer con una amiga de Paula Reinoso y me ha contado no sólo que Paula no fue enterrada sino incinerada por orden de Ángel Iglesias y además a toda prisa, sino que durante la ceremonia tuvo un altercado con un amigo común de la dos; se puso tan violento que los hermanos de Paula tuvieron que sujetarlo o se lo carga a patadas y puñetazos.
 
A Teresa no le pasó inadvertido que Eusebio se nombrara a la fallecida por su nombre de pila.
 
–¿Y qué conclusiones extraes?
 
–La primera que no quería que la familia de Paula indagara sobre su estado de gestación; la segunda, que los amigos de Paula le vinieron muy bien para culparles de meterla en el tema de drogas.
 
–¿Ah sí?
 
–Según me ha contado esta chica, mientras Ángel Iglesias se abalanzaba sobre ellos no hacía más que gritar que ellos tenían la culpa de que Paula estuviera muerta porque la habían metido en las drogas y que cómo se atrevían a acudir a su incineración.
 
–Está claro que le vinieron de perlas.
 
–Eso creo yo.
 
–Bueno, tú ya me has contado lo que yo necesitaba saber antes de llamarle ¿En qué te puedo ayudar yo?
 
–Voy a ponerme en contacto con la familia de Paula Reinoso– Teresa observó que volvía a llamarla por su nombre completo –para averiguar exactamente cuanto les ha contado Ángel Iglesias sobre las circunstancias que rodearon su muerte y cuanto no, que me imagino será mucho. Yo quiero que tú obtengas la misma información de él para saber si te miente y te dice que les ha contado todo, lo de que tenía un amante y estaba embarazada al morir, o si es sincero y reconoce que esas dos cosas las ha omitido.
 
–Y ¿qué esperas conseguir con esa información?
 
–No lo sé Teresa, todavía no lo sé.
 
–¿Y lo de la cura de desintoxicación?
 
–Sondéale, a ver si está receptivo.
 
–Te imagino enterado de que Álvaro Castro quiere que dejes este caso.
 
–Ya– respondió en un tono cortante –Perdona.
 
–No te preocupes, tampoco es santo de mi devoción. Bueno, te dejo con tus llamadas que yo me pongo con las mías. Mañana no sé si me podré pasar por aquí porque tengo juicio a las doce pero te llamo a primera hora.
 
–Gracias Teresa.
 
Con un guiño y una sonrisa recogió sus carpetas y salió del despacho. 
 

La_Sala_de_Espera_del_Deposito_Taxi_Madrid

 

25.

 
Eusebio tardó en llegar a casa más de lo que a él le hubiera gustado. 
 
Después de barajar las diferentes opciones que le ofrecía el listado de la compañía telefónica se había decidido por hablar con alguno de los hermanos de Paula, éste no sería un buen momento para sus padres. Localizarles fue cuestión de paciencia porque no había respuesta en los domicilios particulares y en esta época de teléfonos móviles con buzón de voz ya nadie tenía contestador en casa. 
 
Finalmente logró contactar con el hermano pequeño, Miguel Reinoso. Se quedó muy sorprendido cuando Eusebio se identificó pero aceptó encontrarse con él esa misma tarde. Eusebio le propuso quedar una hora más tarde en una de esas grandes cafeterías con nombre de gente muy importante.
 
A primera vista Miguel Reinoso no se parecía a su hermana. Él tenía el pelo castaño y ondulado, el de ella era negro y liso, la piel de él era bastante morena y la de Paula blanca. Le reconoció porque quedaron en que ambos llevarían un ejemplar de El País abierto por la página de Opinión. Lo tenía extendido sobre la mesa pero no le prestaba mayor atención.
 
Parecía algo corpulento, de espaldas anchas, y golpeaba la mesa con los dedos al ritmo de la música que salía por los auriculares insertados en los oídos. Al llegar Eusebio a su altura la cara se le abrió en una sonrisa de esas que llaman bonachonas. Parecía pertenecer al grupo que se da en llamar “buena gente”.
 
–Eusebio López Bravo de la Comisaría Centro– estrechando la mano que Miguel Reinoso le ofrecía, quizás un poco más cálidamente de lo que él mismo hubiera deseado.
 
–Miguel Reinoso. Encantado.
 
Al camarero que se había acercado le pidió otra cerveza sin alcohol para acompañar la de Miguel.
 
–Entiendo que estos no son momentos fáciles para ustedes, les imagino enterados de la investigación en curso.
 
–No ¿qué investigación?
 
Eusebio escrutó con la mirada la cara de Miguel Reinoso durante unas décimas de segundo y concluyó que, a no ser que fuera un gran actor, la expresión de desconcierto era sincera.
 
–Las muertes por sobredosis siempre conllevan una investigación de oficio.
 
–Ah…, no lo sabía– Pareciera sin embargo, que la causa de la muerte de Paula no fuera sorpresa.
 
–¿Ángel no les tenía al tanto?
 
–Pues no, la verdad es que no.
 
–Entonces entiendo que tampoco han sido informados de los otros detalles que arrojó la autopsia.
 
–¿Fue necesario que le hicieran una autopsia?
 
–Sí, es parte del protocolo en las muertes por sobredosis.
 
Eusebio respiró hondo y desviando la mirada desde la cara de Miguel Reinoso hacia la mesa prosiguió:
 
–Su hermana estaba embarazada cuando murió.
 
–¿Paula? ¿Embarazada?– A Miguel Reinoso se le desencajó la cara. Dejó caer la cabeza con todo su peso muerto y como si hablara para si mismo –¡Pero si ella decía que no podían tener hijos! Todos creíamos que esa frustración es lo que la había empujado hacia las drogas…
 
–Lo siento Sr. Reinoso.
 
–Llámame Miguel, por favor.
 
–Y tú a mí Eusebio. ¿Sabes si había consultado con algún médico?
 
Tras una pequeña pausa en la que cerró los ojos para recordar, Miguel le contestó manteniendo los ojos cerrados:
 
–Si no recuerdo mal un día de Nochebuena en casa de mis padres salió el tema en la cena porque mi hermano Antonio y su mujer tenían un problema parecido. Paula y Verónica, la mujer de Antonio, lo estaban comentando y creo que sí, que Paula había dicho que se había hecho pruebas y que estaba todo correcto.
 
–¿Hace mucho de eso?
 
–Unos dos años creo. Entonces Verónica, que no se corta nada, le preguntó a Ángel directamente si él se había hecho alguna prueba y se puso como una furia.
 
–¿Ángel se puso como una furia?
 
–Sí, se levantó y todo de la mesa, parecía que iba a pegarla. Antonio se levantó para defender a su mujer y yo para ponerme en medio de los dos.
 
Miguel se quedó callado unos segundos.
 
–¿Y conseguiste evitar la pelea?
 
–De repente oímos a Paula llorar. Estaba hecha un ovillo en el suelo en un rincón, no paraba de llorar con fuerza, se agarraba las rodillas y se mecía adelante-atrás, adelante-atrás…
 
Hizo una pausa, los ojos se le habían vaciado, miraba al frente pero no enfocaba.
 
–No soy capaz de quitarme esa imagen de la mente.
 
–Siento hacerte recordar estas cosas, Miguel, pero me interesa mucho saber cómo reaccionó Ángel.
 
–Se dio la vuelta y la miró pero no hizo nada, no fue capaz de acercarse a ella a consolarla. Se fue a la habitación donde habíamos dejado los abrigos y volvió al salón ya listo para irse pero antes de hacerlo nos gritó:
 
“¡Que sepáis que yo no necesito hacerme ninguna prueba! Hay un niño en esta ciudad que lleva mi apellido fruto de un desliz cuando hacía la carrera y es igualito a mí!”
 
–¿Y se marchó así, sin más?
 
–Así, sin más, dejando a mi hermana tirada en el suelo.
 
Eusebio hizo una seña al camarero y le dio la tarjeta de crédito para que se cobrara. Miguel seguía mirando a ninguna parte con los ojos clavados en el cristal del ventanal.
 
–Quiero saber lo que le pasó a mi hermana.
 
–En eso estoy, Miguel.
 
–Si hay algo más que pueda hacer…
 
–Seguro que sí Miguel, en mi tarjeta está mi móvil– mientras sacaba una de la cartera y guardaba la tarjeta de pago tras marcar el código pin en la TPV que le ofrecía el camarero.
 
–Está encendido las 24 horas del día. Cualquier cosa que recuerdes, en especial de Ángel Iglesias, no sé, algo que te contara Paula que no dieras importancia en su momento, me llamas y me lo cuentas.
 
–Vale, así lo haré– parecía haber recuperado algo de vida
 
–Una última pregunta.
 
–Dime.
 
–Conoces a Kimi y a Andy ¿verdad?
 
–Sí, son buena gente.
 
–Yo también lo creo.
 
–¿Y a “el Rubio”?
 
–No, no me suena de nada.
 
–Estupendo. Gracias.
 
Salieron juntos de la cafetería y tras un fuerte apretón de manos cada uno inició un camino diferente. 
 
Eusebio se sentía raro. Al llegar a casa se encontró con una nota de Yoana. Con mala letra y peor ortografía decía:
 
“E intentado llamarlo pero no me contestava. Estoy preocupada. Llameme y me qedo tranquila”
 
Eusebio se palpó el bolsillo interior de la chaqueta donde debía de llevar el móvil con un punto de inquietud, y sus temores se vieron confirmados, no lo llevaba encima. 
 
Desde el fijo de casa marcó el número de la oficina, efectivamente, se había dejado el móvil encima de la mesa del despacho. Jamás le había ocurrido algo parecido, el móvil era como una extensión de sí mismo y tenía cargadores en comisaría, el coche y su casa.
 
Marcó el móvil de Yoana:
 
–Hola Juana. Ya estoy en casa, estoy bien, es que me he dejado el móvil en la comisaría.
 
–Me tenía muy preocupada Sr. Eusebio. Hace días que usted no está bien, no se come ninguno de los guisos que le dejo, sólo come jamón. Ya sé que es del bueno pero tiene que comer verdura.
 
–Esta noche te prometo que me como lo que me hayas dejado en el microondas.
 
–Eso sí, no paro de tirar botellas de vino vacías al contenedor…
 
–¿Alguna cosa más Juana?– en un tono claramente irritado que no consiguió ocultar del todo.
 
–No señor y perdone.
 
–Perdóname tú a mí, no te debía hablar así. Es que estoy muy cansado últimamente.
 
–Lo sé Sr. Eusebio. Por mí no se preocupe. Le traje la ropa del tinte y se la coloqué en el armario.
 
–Gracias Juana. Hablamos mañana.
 
–Hasta mañana Sr. Eusebio.
 
Se acercó al microondas y encontró un guiso de carne picada con alubias rojas y arroz, una de las especialidades de Yoana picante y con los sabores de su tierra. Eusebio se sonrió, sí, comería eso esta noche, “el Rubio” podía esperar un poco más.
 
© Mara Funes Rivas - Abril 2013
  1. #1

    JaviValencia

    Mira que olvidarse el móvil Eusebio…. Menudo fallo!!! Ah, y nuevo personaje, jeje…

    Interesante es poco ;-)

    XXX

  2. #2

    Mara Funes

    Si es que Eusebio parece que está perdiendo ese autocontrol del que tanto se preciaba... ;-)

    XXX

  3. #3

    Lagarita

    Esto se está liando,¡que bueno! más gente y más en que pensar,Angel mala espina:como siempre aunque, a veces lo obvio no es lo más importante sino lo que se va tejiendo detrás.Cada vez más interesante.Me gustaaaaaa.

    Saludos:)

    Ana

  4. #4

    Mara Funes

    en respuesta a Lagarita
    Ver mensaje de Lagarita

    Graciasssss....!!!!!

    Besos,

    Mara


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