De la amistad y del vino
El domingo, el vino fue el oficiante de la liturgia de la amistad, uniendo a un conjunto de personas que no se habían visto antes, en una camaradería que tan sólo se halla en grupos que con anterioridad han compartido complicidades y alegrías.
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Samwe, “el Sexto Enogato”, título que le fue adjudicado tras nuestra última cata, nos abrió las puertas de su casa de Toledo y al hacerlo, las de la bodega que ha ido construyendo con mimo año tras año y que nos mostró con el orgullo con el
que un padre enseña las proezas de su vástagos.
De los seis que éramos ayer, al menos cuatro no habíamos coincidido nunca juntos, y sin embargo, un primer sorbo del Champagne Larmandier Bernier Blanc de Blancs Brut 1er Cru NV , fue suficiente para que iniciáramos una conversación cálida que, ya fue imposible de parar hasta el momento de la despedida.
Acompañado de un plato de Jamón cortado a cuchillo con antelación, para que soltara su grasilla, y en el delicioso
entorno de su jardín, que fue bendecido con la luz brillante de un sol con vocación primaveral, comenzamos a departir las virtudes de este 1 Cru, que mostraba unas diminutas burbujillas jugueteando en su líquido limpio y brillante.
Los primeros aromas nos sorprendieron a las dos neófitas en este vino, Anubis7 y yo: verduras, como alcachofas y berzas, legumbres, como garbanzos a remojo… Lo llevamos a la boca y una vez más nos miramos sorprendidas por la integración de la burbuja en el líquido, como no destacaba pero se sentía. La fruta blanca empezaba a asomar, delicada, y unas notas de pastelería. Una primera iniciación al champagne que nos ha dejado con ganas de seguir profundizando por este camino en una próxima ocasión.
Pero el Riesling Zilliken (Forstmeister Geltz) Saarburger Rausch Spätlese 2002 nos estaba esperando en el salón de la casa, de hecho nos estaba esperando desde la noche anterior en la que Samwe lo abrió, contándole que al día siguiente sería protagonista de un evento especial.
Emparejado con una Selección de patés y quesos azules, nos descubrió su calidad de riesling delicado, no muy dulce, como otorga su edad, no muy seco, como se ha puesto de moda recientemente en Alemania, cargado con piña, con un inusual matiz aromático que nos recordaba al caucho, envolvente, voluminoso y a la vez sutil. Simplemente voló. 
Anubis7 miró el reloj, ya eran las 3:45, habían pasado dos horas y medias desde nuestra llegada y para nosotros habían sido cinco minutos.
Pero no tuvimos tiempo para reflexiones porque ya llegaba el Beaujolais Marcel Lapierre Morgon 2009 (varietal de uva Gamay) cuyas virtudes serían maximizadas por la compañía de una Quiche de setas y bacon, un pastel de atún y una deliciosamente simple Ensalada de aguacate y kiwi al vinagre blanco. Fue un vino asombroso de principio a fin. El color no era limpio, lo que en un principio nos echó un poco para atrás y el olor no era esa explosión de fruta en sazón que esperamos sin dudar de estos vinos jóvenes, era una fruta menos intensa, cubierta por ramas y hojas, pero muy, muy atrayente. Al pasar a la boca nos ya rizó el rizo descubriéndonos estructura y cuerpo, suavidad frutal con persistencia y longitud.
Para uno de los asistentes, el mejor vino de la jornada.
Una jarrita-decantador que contenía el negro Priorat Clos Erasmus Laurel 2006 hacía su entrada en la estancia, precediendo a un Entrecot a la plancha, un Pollo al limón y las finas hierbas con patatas panadera y una Ensalada
de lechugas variadas, tomate cherry y balsámico. Madera de 800, como diría el gran Nacho74, vainilla, canela, cacao, torrefacto..., mermelada de fruta del bosque, como diría yo, abrían la puerta a un vino redondo, pleno, profundo y dulce, quizás un poco corto de persistencia, que te obligaba a beber y beber.
Otra de las atracciones del día, el Douro Wine & Soul Douro Pintas 2005, aparece de la mano de un super Brownie de chocolate casero. El vino es agradable, con aromas a fruta madura y elegante en boca. No obstante carece de la complejidad que se presupone a un vino de esa crianza y se está de acuerdo en general de que tres o más años de botella le vendrían bien.
Eso sí, marida con suavidad el rico bizcocho de chocolate.
El cierre de oro lo pone el Tokaji Aszu 6 Puttonyos que acompañaría a unas hermosas y esponjosas rosquillas de pueblo. De precioso color ámbar brillante, la nariz te embriaga de esencias de miel y de cítricos, piel de naranja y aroma a mandarina y flores. Esta maravilla de mezcla de uva infectada con botritis con uva sana, nos regala la boca de manera dulce pero no empalagosa.
De sabor rico-rico, persistente y estructurado.
Nos despedimos del Tokaji para estirar las piernas antes de volver a encogerlas en el coche y disfrutamos de un paseo por el pueblo hasta llegarnos a un pequeño lago con patos y ocas, que inmediatamente uno de nosotros vio convertidas en suculentas piezas de foie, deformación profesional, ja, ja.
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Emprendimos camino de vuelta sintiéndonos especiales por haber disfrutado de unos anfitriones, Samwe y Concha, que nos hicieron sentir en todo momento como amigos de toda la vida, que nos abrieron su casa y sus corazones, a los que no olvidaremos y confiamos poder acoger en alguna de nuestras catas, donde tienen ya un sillón de honor, algo que Samwe, en concordancia con su timidez, rechazó diciendo: “Una silla, nada más que una silla”
PD: Dani, gracias por tu sms, brindamos por ti. Demás Enogatos y Selecta, estuvisteis con nosotros.
¡Ah! Se me olvidaba... Estrenamos Enogata: ¡Bienvenida Marianroma!


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