Remírez de Ganuza - Sentimiento y Cerebro
El martes salí de la doble cata vertical de Remírez de Ganuza y Trasnocho, que tuvo lugar en la sede de la Unión Española de Catadores, con una idea básica muy clara: para hacer un gran vino y que además así te lo reconozcan, hay que ponerle pasión -indudablemente- pero hay que ponerle cerebro, mucho cerebro.
Fernando Remírez de Ganuza es un viticultor que desde años antes de fundar su propia bodega no paraba de darle vueltas al proceso de
elaboración del vino, desde la viña hasta la botella, buscando explicaciones racionales a los usos y maneras tradicionales. Para él, comprender las razones por las que se injertaba de una manera y no de otra -por poner sólo uno de los ejemplos que nos dio ayer- era fundamental para llevar a cabo su proyecto que era sencillo en planteamiento pero tremendamente ambicioso, dar un paso adelante en La Rioja: comprendiendo el porqué y el cómo de la elaboración de sus grandes vinos, elaborar ideas audaces -locuras para aquéllos que no entendían el pensamiento lógico del que procedían- y al aplicarlas, crear vinos que enamoraran.
El origen, los viñedos. La edad de la viña no deja lugar a dudas, en esa tierra se plantó uva hace décadas porque el terreno era tan difícil que ningún otro cultivo hubiera arraigado. Buena tierra para la vid pero no la mejor. Las mejores tierras fueron descubiertas y adquiridas por las bodegas clásicas riojanas mucho antes de que hubiera nacido este hijo de fabricante de embutidos y también maestro, y estaban por lo tanto fuera de mercado. Sin embargo, la ambición de este atrevido bodeguero era superar a estos vinos clásicos y sabía que podía hacerlo, utilizando su cerebro.
Antes de poder en marcha físicamente su idea de bodega ya empezó a comprar y aunar parcelas, el embrión de su proyecto. Cuando ya por fin puede echar a andar hay una obsesión en su cabeza: de buena uva se hace buen vino pero un tratamiento y manipulación errónea de esa buena uva producirá un vino mediocre. Consecuentemente, una buena uva, con un tratamiento exquisito, no sólo dará a luz a un buen vino, sino que ese vino podrá ser un gran vino, porque un gran vino nace y se hace.
Examinó el procesado de la uva desde su cosecha y se paró en el momento de la prensa. Recordó como durante la noche, años atrás, cuando los elementos mecánicos y humanos paraban, el propio peso de la uva actuaba como prensa natural y el líquido que resultaba de ella era un líquido puro, que conservaba en mucha mayor medida todas las cualidades y cuidado, también los defectos, de esa fruta. Ese líquido se llamaba Trasnocho.
No dejaba de pensar en la pureza de ese líquido que contenía la mejor esencia de la uva y de darle vueltas a como idear un método que consiguiera ese prensado suave, sin agresividad alguna, hasta llegar a la idea de la bolsa que introducida en el depósito y llenándola de agua y aire, produciría ese efecto de prensa por su propio peso. De esa manera nacía el Trasnocho.
Pero Fernando Remírez de Ganuza no se quedó aquí, tenía que contrastar ese vino. Por lo que con uva de las mismas parcelas, con el mismo mimo en la selección y descarte de la fruta no óptima, utilizando únicamente la parte superior de la uva, los hombros, sencillamente porque es la parte que ha recibido menos agresión, la somete a un prensado mecánico pero ayudándose de la más avanzada tecnología éste prensado mecánico se asemeja más a unos rodillos que masajean y masajean la uva sin estrujar. A partir del líquido obtenido de este masaje se elabora el Remírez de Ganuza Reserva, uno de los vinos más laureados de nuestro país tanto a nivel nacional como internacional.
Fernando Remírez de Ganuza prefiere su Trasnocho aunque tiene riesgos. La pureza de la esencia de la uva, obtenida por la prensa con la bolsa de agua, recoge todo lo bueno, y, todo la malo también. Si el año ha sido malo, si ha helado, el Trasnocho saldrá mucho más afectado que el Rémirez G., pero ay si sale bueno, si la añada es buena entonces, el Trasnocho se sale.
Después de esta introducción que es tan sólo un resumen para que se pueda entender la sutil pero clara diferencia entre ambas líneas, ya estamos preparados y sobre todo impacientes por probar este contraste. Puck se siente honrada de formar parte de este curioso experimento.
Las añadas a catar por este orden serán la 2001, 2003, 2005 y 2004. La del 2002 no se presentó al no quedarle existencias en bodega y en cualquier caso, a Fernando Remírez de Ganuza es la que menos le gusta.

2001
REMÍREZ DE GANUZA:
90% Tempranillo 10% Graciano
Visualmente es de un color rojo picota muy brillante con ribete anaranjado, capa media-alta y buena lágrima.
En nariz es dulce, con recuerdos a la uva sobremadurada, y algo frondoso. Al volver a él dos añadas más tarde, el aroma ha evolucionado notablemente, regalándote con un profundo y claro regaliz negro. Una añada más tarde vuelven las notas de sobre-maduración pero más discretas que en un primer momento.
En boca tiene una estructura contundente, con un post-gusto ligeramente secante en un primer contacto, que desaparece totalmente después. Intenso y profundo, con especias picantes.
TRASNOCHO:
90% Tempranillo 10% Graciano
Visualmente es más oscuro y denso, sin observarse el ribete anaranjado de vinos de esta crianza y con brillante caramelo al girar.
El aroma es más profundo y complejo al mismo tiempo que limpio. La hojarrasca va creciendo y creciendo hasta estabilizarse. Fragantes notas florales.
En boca tiene un cuerpo sedoso y elegante, cubre totalmente la lengua y el paladar dejando un postgusto largo y goloso.
2003: Fue la añada más cálida
REMÍREZ DE GANUZA:
90% Tempranillo 5% Graciano 5% Viura y Malvasía (sólo las pieles)
Visualmente es más anaranjado, no aporta mucho más en esta fase.
En nariz es poco expresivo.
En boca es plano. El más normalito de todos
TRASNOCHO:
90% Tempranillo 5% Graciano 10%
Visualmente sólo aporta una tonalidad más anaranjada
En nariz es poco expresivo, monte bajo y humedad sobre todo, sin evolucionar apenas
En boca es dulce pero sin matices, vainilla, vainilla y más vainilla. Normalito pero más interesante que el Remírez
2004
REMÍREZ DE GANUZA: El más laureado
90% Tempranillo 10% Graciano
Visualmente es brillante y puro picota, sin verse notas anaranjadas
En nariz hay mucho bosque y mucha fruta, también mucho suelo mojado, intenso.
En boca hay mucha profundidad frutal, el recorrido es muy largo y gustoso, con un punto de acidez que le augura una larga vida en botella.
TRASNOCHO: Mi favorito
90% Tempranillo 5% Graciano 5% Viura y Malvasía (sólo las pieles)
Visualmente es brillante y de color picota agranatada.
En nariz es deliciosamente balsámico, muy profundo y fragrante
En boca es un vino muy redondo, completo y armónico, de maravillosa profundidad gustativa, con mucha complejidad y largo recorrido. En contraste con el 2005 se aprecia más vainilla.
2005
REMÍREZ DE GANUZA:
90% Tempranillo 10% Graciano
Visualmente es el más granate de los Remirez y el de mayor densidad cromática
En nariz ataca con fruta compotada pero sin avasallar, más dulce que la añada anterior
Tiene un ataque en boca levemente secante, que con el tiempo evoluciona a dulce. Vino redondo y de largo recorrido, esta leve acidez le augura un futuro muy prometedor, puede que hasta superior al de la añada anterior.
TRASNOCHO 2005: El favorito de Fernando Remírez de Ganuza
90% Tempranillo 5% Graciano 5% Viura y Malvasía (sólo las pieles)
Visualmente es muy limpio y con una capa más ligera que las anteriores.
En nariz destaca mucho la fruta junto con notas golosas de bollería
Es muy suave y redondo, terciopelo puro, muy, muy rico.
