El dios del vino y su regalo
El bautismo del vino
El vino es un espíritu que vive en el zumo fermentado de la uva. Un ser que lo dota de alma y sentimientos, de inteligencia y de instinto de supervivencia.
Uno no elige enamorarse del vino, el vino te elige a tí para su culto, porque se alimenta de la pasión que hace crecer en corazones y almas hambrientas.
Cuando te conviertes en uno de sus acólitos ya no hay vuelta atrás y todos esos años en los que no ha sido nada más que otro producto de consumo que espera impaciente en una estantería a tener la suerte de formar parte de una lista de la compra, junto con los huevos, la leche y el pan de molde, todos esos años se difuminan, y no te reconoces en aquella mujer, en aquel hombre, en aquellos ateos, felices en la ignorancia de ese mundo supremo que te atrapa y domina tu vida.
Nacer al vino
¿Y cómo se nace al vino? ¿En qué momento te empieza a hablar? O quizás mejor
¿En qué instante eres consciente de que te habla, y lo escuchas por primera vez?
Lo he pensado muchas veces y no encuentro el momento exacto, creo que porque su susurro, oculto entre sus aromas, se coló por mi nariz sin darme cuenta y me hizo cosquillas.
En otra ocasión, otra hora, otro día, en otro lugar…, sentí la voz de la capa de sabor que se resbalaba por la lengua dejando un trazo pintado con pincel indeleble en el paladar, pero no me hablaba con palabras sino con imágenes, y con cada sorbo, con cada inhalación, con cada mirada embelesada a su belleza desafectada e inconsciente, crecía una historia que rogaba ser contada.
En ese instante supe que ya no era libre, que había sido reclutada para relatar las innumerables historias que ese espíritu mutante que salta de vid en vid, de barrica en barrica, de botella en botella, de copa en copa…, me susurraba al oído. Me había convertido en una mera intérprete de sus deseos, de su magia.
La aceptación
Ese duende me guió a la primera tienda especializada, donde inicié mi culto mensualmente, soñando por la noche con el vino que descubriría al día siguiente, viviendo con inusitada ilusión los días y horas de angustiosa y deliciosa espera hasta que el domingo a mediodía, por fin, abría la botella.
Cuando el peso de practicar esta liturgia en soledad se hizo insoportable, me mostró el camino al templo donde día y noche, podía compartir la emoción que me producía.
Allí crecí aprendiendo y compartiendo, allí sufrí y disfruté, allí creí encontrar amigos y en alguna ocasión me sorprendí descubriendo enemigos. Allí llegué con el alma en una mano y el corazón en la otra, y allí casi pierdo a ambos. Y todo, todo ello, mientras probaba más y más vinos, mientras me enganchaba más y más a esa locura.
El vino mutaba conmigo y me acompañaba, pues al final del día, a pesar de todo, seguía bebiendo sola.
La liberación
Día a día, la necesidad de plasmar todo lo que veía era más y más acuciante, me inundaba con imágenes de las que no me podía deshacer si no era vertiéndolas en una pantalla de ordenador.
Decenas y decenas de historias aparecieron y se convirtieron en los hijos engendrados en mí por el vino. Pero el vino es un espíritu y los hijos te abandonan cuando se independizan.
Yo seguía bebiendo sola.
El mejor regalo, el único posible
Mas yo no era consciente de mi soledad, era feliz entregándome en cuerpo y alma a él y a mis pequeños hijos, y quizás fuera ese desinterés lo que le llevó a guiarme a aquello con lo que yo inconscientemente soñaba pero temía desear: poder compartirlo día a día, noche a noche, con alguien que lo viviera como yo, con alguien que me alentara en mi pasión, con alguien que fuera compañero y cómplice.
El día 4 de noviembre hizo seis meses, seis meses de una nueva vida. El día 4 de noviembre me lo creí.
Ahora creo que todo es posible, ahora me creo a mí misma, porque alguien a mi lado cree que todos los sueños son posibles, porque alguien a mi lado, aunque medien 350 km de distancia, cree en mí más que en nada.
Finca Dofí 2001
Y nuestro dios acudió a nuestra celebración y se presentó vestido de Finca Dofí 2001.
Su oscura mirada competía con la profundidad de las nuestras, su penetrante intensidad se colaba por nuestras gargantas llegando a nuestro flujo sanguíneo convertido en la eucaristía que nos permitía a ambos recorrernos a través de nuestra sangre.
Profundo e intenso… hasta esa noche no me había dado cuenta de que esas palabras no significaban lo mismo, su profundidad era negra, su intensidad roja, aguas turbulentas, fuego del sol al despedirse.
Su fuerte especia simbolizaba la pasión y la vida, la lucha por la supervivencia, explotando en nuestras bocas de puras ganas de vivir cada minuto de nuestras vidas como si fuera el último, no, mejor, como si fuera el primero.
Su velo terso, suave nos envolvía en caricias y susurros en sueños pasados y futuros. Su final achocolatado se fundía y extendía en un cálido abrazo.
Reíamos con el regaliz, paladeábamos la fruta negra y nos dejábamos llevar por la sutil pero omnipresente acidez de quien es intemporal, de quien nunca deja de ser niño a pesar de la edad, de quien siempre quiere aprender y desea que jamás la vida deje de sorprenderle.
Gracias Vino por escogernos.
Gracias Javi por existir.
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Leer algo tan hermoso me ha dejado sin palabras. No existe nada material que se puedo equiparar a este regalo.
Gracias niña.
Muacks!!!
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en respuesta a JaviValencia Ver mensaje de JaviValencia No me lo agradezcas a mi sino al espíritu que nos ha guiado :D
Muacks!!!!

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