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Una de las zonas más singulares de la Ribera del Duero se sitúa en torno a los mil metros de altitud. Entre valles, peñas y hoyadas crece un viñedo histórico de unos suelos de una extraordinaria riqueza mineral y que descubre un pasado con una diversidad de variedades irrepetibles. Milsetentayseis busca potenciar esta zona que tiene como estandarte a su principal localidad: Fuentenebro. Basado en un viñedo ancestral, un clima extremo y un entorno único, Milsetentayseis debe su nombre a la característica más diferenciadora del proyecto: su altitud.
Fuentenebro, al sur de la provincia de Burgos, es una de las zonas más singulares de la Ribera del Duero. Es el hogar de viñas centenarias en un entorno en el que conviven rodeados de una fauna y flora excepcional. Las aromáticas, las encinas, los robles y pinos junto con una gran diversidad animal son parte del paisaje que nos encontramos. Conocer y entender esta biodiversidad nos permite el fomento de acciones para mejorar y recuperar el ecosistema.
Custodios de un patrimonio vitícola único, velamos por garantizar el presente y el futuro de un tesoro en forma de viña. Buscamos respetar y expresar el terruño de una manera sostenible. Observamos y aprendemos del ecosistema para buscar un equilibrio natural. A través de nuestra viticultura ecológica nos convertimos en custodios de un patrimonio vitícola único que queremos legar a nuestras futuras generaciones.
En Milsetentayseis trabajamos con viñas centenarias que son fuente de un material genético histórico fundamental para desarrollar un proyecto de recuperación integral. El concepto y la filosofía de Milsetentayseis nos permite crecer al ritmo de las plantas: sin prisas, plantando el viñedo viejo de nuestros nietos, recuperando una zona vitivinícola genuina y trabajando por legar un patrimonio natural en forma de viña que hereden las futuras generaciones.
Históricamente, Fuentenebro ha sido un lugar de frontera y de tránsito por lo que en sus viñas encontramos la herencia de una infinidad de varietales que motivó a Milsetentayseis a realizar un proyecto integral de identificación y recuperación. Por el momento, se han identificado hasta un total de 28 variedades solo en una primera selección y en apenas unas 6 parcelas. Para preservar este patrimonio vitícola único hemos realizado una plantación de un banco de biotipos de 15 variedades tradicionales, siete blancas (viura, alarije, jarro suelto, albillo mayor, pardillo, salvador y beba) y ocho tintas (moristel, monastrell, tempranillo, bobal, mazuelo, garnacha tinta y graciano).

Además, se ha realizado la plantación de un banco de biotipos de diferentes plantas centenarias de tinto fino de Fuentenebro. El estudio pretende conocer qué material vegetal es el más idóneo para conseguir mayor heterogeneidad en futuras plantaciones.
Al proceso de multiplicación llegaron muestras de 67 plantas diferentes, de los que 36 biotipos han sido reproducidos para obtener un total de 672 plantas de tinto fino.
Asimismo, de manera adicional, se ha llevado a cabo una plantación del clon de tinto fino del proyecto de Alma Carraovejas en Peñafiel, injertando sobre seis patrones o portainjertos distintas.
Estas acciones ayudarán en un futuro cercano a diseñar nuevas plantaciones con material genético local, conservando y valorizando las variedades tradicionales de la zona.
El viñedo se trabaja en ecológico. Se observa y aprende del ecosistema para buscar un equilibrio natural. No hay productos fitosanitarios y químicos sintéticos, se sustituyen por métodos de control biológico, abonos orgánicos y estudio de las condiciones ambientales para la correcta aplicación de los tratamientos en las tareas de viticultura. Asimismo, se llevan a cabo diferentes prácticas en viticultura biodinámica.
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El páramo en Fuentenebro está salpicado de valles, cerros, cañones y hoyadas. Las distintas exposiciones junto a la extraordinaria riqueza mineral de sus suelos, el clima y las distintas variedades, conjugan un paisaje único en la Ribera del Duero.
El rojo es el color protagonista en el paisaje del viñedo en Fuentenebro. Son suelos de texturas complejas con una gran variabilidad donde prima la textura franco-arcillosa con un alto componente férrico que dota al viñedo de un intenso color rojizo. Pobres en nutrientes que obligan a las cepas a dar lo mejor de sí mismas. Los restos de las antiguas explotaciones mineras conviven en Fuentenebro con la actividad vitivinícola. El feldespato, el cuarzo y la mica otorgan un carácter único a estos viñedos. Su heterogeneidad facilita la obtención de una materia prima de una increíble diversidad.

La viña expresa todo su potencial en situaciones límite, justo cuando su cultivo es más arriesgado. El mesoclima de Fuentenebro y sus alrededores marca el carácter distintivo de las variedades que aquí se cultivan, expresándose como pocos viñedos en la denominación. Anticipándose al cambio climático se buscan zonas más elevadas y frescas en las cuales las corrientes de aire ventilan de manera constante el viñedo. Esto favorece un excelente estado sanitario de la uva y, consecuentemente, se obtiene una materia prima de calidad extraordinaria.
Las elaboraciones buscan respetar y expresar el terruño de una manera natural y sostenible Cada parcela y cada tipo de suelo aporta unas características determinadas y esa uva hay que vinificarla en base a obtener lo mejor de ella. En Milsetentayseis se elabora cada viñedo por separado dando protagonismo capital al origen. Toda la vendimia es manual y se realiza una selección exhaustiva de la materia prima con una triple selección. La uva se recoge en pequeñas cajas de 12 kg en un proceso en el cual prima el detalle y la atención a cada uva.
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Para ello, cuentan con diferentes formatos para vinificación: microvinificadores de 600 litros, pequeñas tinas de madera, depósitos de hormigón e inoxidable, e incluso ánforas de barro.
Milsetentayseis es Fuentenebro. Un entorno singular en la Ribera del Duero que eleva la viticultura entre los 920 y los 1.100 metros de altitud. El mesoclima y la biodiversidad extraordinaria de la zona marcan el carácter distintivo y la identidad propia de cada pequeña parcela. Los suelos de texturas complejas aportan una extraordinaria riqueza mineral donde el cuarzo, el feldespato y la mica son los protagonistas. Milsetentayseis Tinto es un vino con la personalidad propia de su origen. Es la interpretación de un entorno singular donde el viñedo se esconde entre valles, peñas y hoyadas.
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Milsetentayseis La Peña es un vino con una marcada identidad propia. Viña vieja de Fuentenebro donde conviven diferentes variedades ancestrales. Suelos franco-arenosos con fragmentos de rocas formadas por cuarzo, fesldespato y mica. La pequeña producción de La Peña representa de manera pura y honesta su origen, una parcela de 0.46 hectáreas situada a 948 metros de altitud. Frescura, viveza y una intensidad mineral excepcional en este rosado memorable. Un homenaje a la cultura del vino de Fuentenebro. Milsetentayseis. La Peña es la recuperación de una parcela extraordinaria. Un vino con volumen, sedoso y muy complejo, con un final largo y salino.

Alma Carraovejas es el concepto que aúna, bajo una misma cultura corporativa, diferentes proyectos vitivinícolas y gastronómicos repartidos por toda la geografía nacional. Alma Carraovejas surge de Pago de Carraovejas, pero se desarrolla durante la historia de la bodega. Alma Carraovejas llega en 2013 a Ossian, un proyecto único de cepas prefiloxéricas de verdejo con una de las historias más largas de la península ibérica.
En 2017 nace, junto a las instalaciones de Pago de Carraovejas en Peñafiel, el nuevo Restaurante Ambivium, reconocido hoy con una Estrella Michelin, dos soles Repsol y una recientemente conseguida Estrella Verde que reconoce la labor y el trabajo por la sostenibilidad del entorno por parte de cocina, sumillería y sala. En 2018, fruto de años de trabajo en la zona, surge Milsetentayseis, el proyecto asentado en Fuentenebro. Este término es la parte sur y con más altitud de la Ribera del Duero donde se pretende reinterpretar el pasado auténtico del viñedo del municipio.
Alma Carraovejas llega a Galicia en 2019 para dar continuidad de dos proyectos que aspiran a rememorar la historia de Ribeiro, una de las zonas vitivinícolas más antiguas del mundo: Viña Meín y Emilio Rojo.
El año 2020 se cumple un sueño para el equipo de Alma con la llegada a Leza, en Rioja Alavesa: nace el proyecto Aiurri con viñedo en la ladera izquierda del valle del Ebro bajo la influencia de la Sierra de Toloño. Paralelamente surge SV wines, la importadora de vinos de Alma Carraovejas con la que se pretende acercar elaboraciones únicas de viñedos singulares de todo el mundo.
El nacimiento de la fundación ‘Cultura Líquida’ se cierra en 2021: una nueva apuesta por fomentar la cultura del viñedo y del vino en nuestro país. Previamente, se había continuado con el sexto proyecto vitivinícola de Alma Carraovejas: Bodega Marañones. El viñedo de indudable valor de San Martín de Valdeiglesias, en las estribaciones de la sierra de Gredos, acerca a Alma hasta la DO Vinos de Madrid.
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